viernes, 20 de abril de 2012

Ecco, fanciullo, io ti ho portato a questo
luogo selvaggio, a notte, per che fare?
Non so. Non posso soffocare io questo
amore della vita. E sotto è il mare.
Lo varcherò. Conoscerò le genti
più disparate. Vedrò quanto è bella
la vita negli occhi di chi ha
quindici anni, fanciullo, come te.



Mira, niño, te he traído a este
lugar apartado, en plena noche ¿para qué?
No lo sé. Yo no puedo sofocar
este amor de la vida. Y el mar allá abajo:
lo surcaré. Conoceré a la gente
más distinta. Veré la belleza
de la vida en los ojos de quien tenga
quince años, niño, igual que tú.

                                                     Sandro Penna
la foto es del gran Adi Nes

pájaros en la cabeza, viernes 20 de abril, el sol y sus colores


-Yo dibujé el sol así porque así lo veo a la tarde. Cuando vamos con mi papá en el camión, mi papá es camionero, cuando vamos en el camión yo lo veo así de todos colores cuando va a ser de noche a través de la ventanilla.


Sólo eso. Un cuento de Adela Basch, unas palabras, una frase, y una anécdota respecto al sol. A veces solo eso, esas miradas desde la alcantarilla, bastan para conocer el mundo.
No tengo más palabras hoy. Iba a hablar de la rima en el cuento de Adela, que tanto gustó a los chicos. Sobre como sus palabras -al decir de Graciela Montes- hacen cabriolas en el aire para los chicos. Sobre la luna que puede ser así y asá. Pero no, las palabras de esa niña con su dibujo son todo lo que hoy tengo para dar.

pájaros en la cabeza, viernes 13 de abril, qué fácil es volar

¡Qué fácil es volar, qué fácil es!
Todo consiste en no dejar que el suelo
se acerque a nuestros pies.
Antonio Machado

Unas gotas del trabajo, que nos demuestran que es fácil volar. Volar, porque fue esa la palabra -mágica y maravillosa- que usó Alicia esa tarde para describir lo que sucedería con los chicos. Acá van a volar, dijo para nuestra alegría.
Y con Araceli nos sonreímos como diciendo, como recordando, aquellos versos de Machado. Y sí, al final, qué fácil es volar.
Los chicos crearon historias a partir de fotos. Las historias viajaron al Taller del Centro Literario, donde fueron intervenidas en sus finales, y devueltas a los niños.

Martín y la sirena o La sirena y el viaje de Martín o El viaje de Martín en el tren feliz...

Martín estaba esperando el tren para ir a Buenos Aires. Llegó tarde, tardísimo. Y esperaba y esperaba.
Mientras esperaba, llegó el tren. Pero en vez de llevarlo a Buenos Aires, lo llevó a Paraná.
Cuando Martín se subió, se dio cuenta que el tren era feliz. Porque había comida y muchos asientos.
Por eso, él estaba feliz también. Le dio un beso a una sirena allí sentada, se casaron, vivieron felices para siempre y se sentaron ambos en sus asientos.
Pero, de tanto vivir felices para siempre, a la sirena le dio sed. Fue Martín a buscar agua y cuando volvió ya había nacido su hija Belén.

Y de golpe, una sirena, pero no de las de agua (¡ojo!) lo despertó. Era el tren que al fin llegaba, para llevarlo a Buenos Aires.

Camila y el muñeco
Había una vez una señora que estaba embarazada de un bebé. Nació el bebé, era una nena y se llamó Camila. Ella era muy linda, tierna y mimosa. Se reía y jugaba con un muñequito. Tenía los ojos muy grandes y gordos cachetes.
Su mamá estaba muy contenta de su hija, era el tesoro más valioso que había tenido en su vida y le ofrecía todo su tiempo y amor.
Pero esa mamá también estaba curiosa, asombrada porque había algo que no tenía explicación para ella. Más de una vez había escuchado una canción de cuna que provenía del dormitorio de la bebé. Era todo un misterio, ¿quién podía cantar esa bella canción que hacía dormir su nena tan plácidamente? 
Una noche apenas escuchó esa música, se levantó y espío por el agujero de la cerradura y ¡oh sorpresa! Quien cantaba era el muñeco, que según parece no se conformaba con hacerla reír cuando estaba despierta sino que también le cantaba para que se durmiera.
foto de Paula Ledesma

miércoles, 18 de abril de 2012

Una flor, no lejos de la noche

prologo
una flor
       no lejos de la noche
       mi cuerpo mudo
   se abre
a la delicada urgencia del rocío
                    
                                                    alejandra


grete stern
niño en flor - sueño once

la noche del martes
No sé si quiero hablar(me) de Amor, o de Sexo, o sobre aquel Desconocido que ya no lo es tanto, o sobre la sonrisa de cierto chico que me gusta demasiado, o sobre los gestos enigmáticos de aquel chico siempre tan misterioso. 
Sólo sé que quiero hablar de las flores, que se abren a la delicada urgencia del rocío. Porque es de lo úncio que acá, en mi pieza sentado antes de una cita, -es decir, no lejos de la noche- estoy seguro. Flores somos. Flores que se abren a una delicada urgencia. Y eso no lo decidimos nosotros, no lo gobernamos del todo, porque no somos capaces de domar nuestras urgencias.
Sin embargo, hay caminos largos que me llevan a esta noche. No pasará nada especial mientras la noche cae en Paraná de a poco, mientras las estrellas me vigilan un rato. No, no creo que pase. Porque esta historia no tiene nada de bohemia y loca, como tanto me hubiese gustado. Pero si se trata (creo) de vivir este momento. Y de vivirlo sin culpa. Largo ha sido el camino para que vea el rocío como lo que es, como rocío. Para que vea el cuerpo como lo que es, como flor. 
Burno Bibmi escribe en un texto que hallé en su blog, que de todas las cosas que nos robaron a los putos la peor es la Adolescencia. Sí señores, nos robaron la adolescencia. Que se sepa que no culpamos a nadie, pero que no somos pelotudos. Nos damos cuenta que es así.

la noche del miércoles
Besar a un chico siempre fue para mí pecado o milagro. Y contigo todo se hace más llevadero. Pero ahora creo que quiero que sea pecado o milagro. ¿Y si llevamos nuestro juego al extremo? Es un juego peligroso -dijiste-, pero nunca me lo explicaste muy bien. 
Pesan en mí ciertas escenas. Un hombre escuchando los latidos de mi corazón, como si en la noche no hubiera más. Dos niños en una ducha. Una charla bajo la noche. 
La pregunta es, ¿podemos hacer qué toda la vida sea así?
Soy del hombre que esta magia pueda hacer.

epílogo

Si yo camino triste... persiguiendo
el aliento de las colinas, en la noche
oscura y tibia, sobre un terrón yaciendo
habrá quizás un muchacho con los ojos abiertos.

Cada uno está solo y su corazón variable
mira siempre las mismas estrellas.
                                                          sandro penna

miércoles, 11 de abril de 2012

habitar en un incomensurable cofre


El sábado, sin querer queriendo -como todo lo que en verdad queremos hacer- llegué a la muestra de Laura Sosa en Antojo de eco. Esto último viene a ser una hermosa casa antigua, ubicada en un rincón de la calle Italia de Paraná, donde un hombre y una mujer alquilan para hacer arte. Reconforta saber que este tipo de locuras siguen infringiéndose en el mundo de hoy. Así con la tez del asombro, anduve por la Feria de semana santa que hacian ahí y de paso chusmee la muestra de Laura.
Una muestra a la que debo decir, le tenía ganas de hace rato. Laura trabaja como docentes en El impenetrable, hacia donde va cada mes. Trabaja con un comunidad Quom del lugar y según me contó hacen diferentes trabajos artisticos. Lo que habla de un diálogo, de una construcción a partir del arte, que vuelve a unir modos de vida tan enfrentados. Y habla del arte como modo de poder decir aquello que ya nos excede. Cuando volví entré en crisis, dice Laura y nunca me sonó tan hermosa la palabra crisis como cuando la dijo. Porque se sabe de qué crisis habla, de esas que tiran abajo supuestos y construyen verdades.
Obviamente, su crisis fue transformandose en arte. En pinturas. Pinturas que conforman su muestra "...habitar en un incomensurable cofre..."

II
Laura descubrió, casi por azar -como todo lo que debe ser descubierto- que una pareja de viejecitos conservaban telas estampadas en un cofre. Esas telas eran el mundo, o más, el universo, que habitaban. Era su universo. Por ello, como debe ser, Laura tomó telas, pintó sobre y con ellas, y nos mostró por la rendija de su obra que es posible habitar el mundo en un incomensurable cofre.

III
Hoy la conocimos a Liro. Vive en La Boca, y desde hace tiempo con los chicos del Alde humanidades queríamos comenzar a andar el barrio. A andar ese barrio precisamente, comunidad santafesina de pesqueros nacida a la vera del río casi por obra del tiempo. De gente que vivió en islas, que tiene su propia mitología, que es víctima de la más cotidiana discriminación. De gente que tiene una historia qué contar, una historia que jamás se ha escrito por motivos harto conocidos. De gente que es gente, cuando ese don se nos perdió. Quizás eso fuimos a aprender cuando llegamos a su casa, y en un  santiamen, tan desconocidos como llegamos, estabamos sentados en su mesa, compartiendo su mate y compartiendo su historia personal. Capaz porque la verdadera gente no le niega un mate, una mesa y el afecto de sus palabras a nadie.

IV
Liro no puede dejar de sacar fotos de una caja de zapatos. Allí guarda algo más que sus recuerdos. Guarda, creo, su manera de pararse frente a la vida. Con orgullo -o mejor, con Amor- nos muestra las fotos de la Agrupación chamamecera que dirigió, del comedor comunitario que dio de comer a vaya saber uno cuanto pibe, fotos de cuando 'los políticos' la usaron, una nota en donde se entrega un ropero detrás de un eslogan de campaña que capaz y resume todo lo que 'política' ha sido hasta hoy. 
Y de repente, es tarde. Recién llego a casa, y han pasado unas cuantas horas desde que nos despedimos de Liro. Y, como unidas por un hilo, las palabras de Laura y el cofre de Liro se me unen. No, no podré dormir. No mientras no vomite unas palabras, y trate de -como decía una gran poeta- peinar bien los monstruos que llevo dentro. Pienso -quiero creer, deseo, necesito creer- que habitamos un incomensurable cofre. Tengo la esperanza poetica de que todos llevabamos un cofre dentro nuestro. Como el cofre de los viejitos Quom. Como el cofre que Laura nos abrió en su muestra. Como el cofre que Liro nos puso sobre la mesa esta tarde. Tener la esperanza poetica -y politica- de que si juntamos las piezas, si abrimos nuestros cofres, el mundo será un lugar más maravilloso. Sé que suena estupido, pero seamos estupidos para soñar al menos una vez. 
Si todos hemos nacidos huerfanos del mundo, ¿qué nos alejó? ¿Por qué están alejadas La Boca y Altoverde? ¿Por qué nos cuesta tanto mirar al otro, decirle que necesitamos su historia, que necesitamos aprender de él? Si todos, al fin y al cabo, habitamos el mismo cofre. Un cofre que sigue siendo hermoso, pese a todo. Así como La Boca en esta tarde, entre tanto derecho violado, seguía siendo hermosa. Tan hermosa como debe estar ahora mismo, iluminada por la Luna. 

lunes, 9 de abril de 2012

Jovenes (en la letra de ella)

Anoche bebí demasiado porque comí con unos idiotas, unos arquitectos —con sus mujercitas— que hablaban de aviones y del servicio militar en todos los países del mundo. Eran muchachos de veinticuatro a treinta años. (Odio a la gente joven —seria y estudiosa— con su Porvenir abierto y sus miserables deseos de automóviles y departamentos. Los únicos jóvenes que acepto son los bizcos, los cojos, los poetas, los homosexuales, los viudos inconsolables, los frustrados, los obsesionados, sean condes o mendigos, comunistas o monárquicos, mujeres, hombres, andróginos o castrados.)
alejandra