lunes, 20 de mayo de 2013
El silencio de las sirenas / Franz Kafka
Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:
Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente.
Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.
En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.
Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.
Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.
Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.
La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.
martes, 7 de mayo de 2013
¿Por qué se guardan las cosas?
Tanto trueno tanto rayo
Las cosas que no se dicen
se hacen flores de un pantano.
La muerte no existe acá,
todo esta vivo, presente.
La memoria es asesina,
da muerte a la misma muerte.
Desembala la memoria
que no hay cosa que no sirva.
Te va a servir lo amarrado
y lo que anda la deriva.
¿Por qué no lloras un poco
vos que vas bailando tanto?
Llora bien, abrí los ojos
y después seguí bailando.
Podrán lloverte 100 siglos
pero ni un segundo más.
La desgracia es cuidadosa
llega y se marcha puntual.
No te pido que te amargues,
me estás entendiendo mal.
El apetito no es hambre
y moverse no es bailar.
Desembala la memoria
que no hay cosa que no sirva.
Te va a servir lo amarrado
y lo que anda la deriva.
¿Por qué no llorar un poco
vos que vas a bailando tanto?
Llora bien abrí los ojos
y después seguí bailando.
Gabo Ferro.-
sábado, 27 de abril de 2013
Dentre
"Nadie ha podido saber, ni
se sabrá jamás, en qué momento de la noche un alma cede y se allana el
tránsito. Eso no lo han podido averiguar ni los más ilustres llevadores de
almas."
J. J. Manauta, El llevador de almas
En El llevador de almas, se nos cuenta la historia de Jacobino Almarza
quien ha venido a llevarse el alma de Farello. En ese párrafo que está arriba
de esta nota, allí, se resume con maestría el momento de la noche en que el
alma de Farello pasó de la tumba a la bolsa de Jacobino.
Como lectores, no podíamos hayar
otras palabras para dar sentido último a la muerte en la madrugada de Juan José
Manauta. Este 24 de abril, –¿en qué
momento de la noche?-, murió a sus 94 años en el Sanatorio Colegiales de Buenos
Aires donde vivía hace tiempo. Ha sido velado en la Biblioteca Nacional y sus
cenizas serán esparcidas en el río Gualeguay.
Yo solo quiero escribir para decir
unas pocas cosas. No voy a nombrar sus
libros de cuentos ni sus reconocimientos. Creo que eso se puede googlear fácil.
Quiero sólo contar mi experiencia de lectura con Manauta.
Lo primero que me parece importante
decir es que no me encontré con Manauta en la escuela. En realidad, no leí
jamás un autor entrerriano en la secundaria. Sus Cuentos completos editados por la UNER en 2006 –y que pronto serán
reeditados- cayeron a mis manos, como su nombre, por casualidad. Llegaron en un
momento de mi vida como lector que aún
no ha acabado. Desde que me encontré con Manauta, Mastronardi, Juanele,
Calveyra, Zelarayan, he sentido un vértigo que ha hecho en que todo este tiempo
no pueda detener su lectura. La razón de mi fascinación es básica: Yo no sabía
que era entrerriano hasta que me lo contaron. Jamás me he sentido tan
entrerriano como en estas lecturas. Y en ese proceso la lectura este gualeyo ha
sido de capital importancia. No puedo entonces hacer menos que preguntar, ¿por
qué me, nos, lo escondieron? No sólo a él, sino a tantos. Por qué ese
ocultamiento.
Quizás llamar a la generación de
Manauta -aquella mítica gente que fue joven, genial y amiga al mismo tiempo-
Generación dorada sea dejarnos caer en una trampa. Porque con ese rótulo de
dorado hemos cerrado su lectura. ¿Cómo vamos a hacer que los chicos puedan
entrar a Manauta hoy? Es necesario volver a abrir sus cuentos, sus novelas. Es
necesario, urgente diría, que todos los entrerrianos podamos imaginarnos que
hay pasando Nogoyá, al Sur…
Porque quienes lo hemos leído volvemos
con la mirada cambiada. Yo tengo 19 años. Y jamás supe querer la ciudad en que
nació mi abuela, Gualeguay, hasta que leí los Cuentos para Doña Dolorida de Manauta del ’61. Entonces le
preguntaba a mi abuela, libro en mano, si sé acordaba cómo era ese lugar, si
ese apellido era inventado…Para mí, que fui pocas veces a Gualeguay, esa ciudad
no existe sino que ha sido construida de nuevo. Y esa es la clave, yo jamás
sentí nada especial por esta provincia hasta que no me encontré con esos
libros. Yo no quería a Entre Ríos, tenía una relación indiferente con la tierra
en que nací. Y sólo la lectura pudo hacerme ver otra cosa. Eso es clave, es
importante, me parece.
¿Mis profesoras de literatura, mis
padres, mi abuela, leyeron a Manauta?
Por eso quería escribir, ahora que
Manauta ha muerto y tenemos oportunidad pública de hablar de él y de su
obra. Podrían decirse muchas cosas sobre
su obra, sobre su cosmovisión del mundo. Pero yo soy mediador de lectura. Es
decir que mi oficio artesanal es construir puentes entre personas –a veces
chiquitas, a veces grandes- y libros. Por eso no puedo hablar más que desde ese
lugar.
En la UNER van a editar más
adelante un libro de poemas de Manauta del ’44 y sus Cuentos de nuevo. En el
sitio web Autores de Concordia está
subida “Las tierras blancas”. Ambos libros, sus cuentos y esta novela, están en
la Biblioteca Popular de la ciudad. Dentre, como dice Manauta al comienzo de
sus cuentos. Dentre. Ese gesto, ese abrir la puerta, es lo que tenemos que
multiplicar. Nada de discursos. Antes que eso, abramos la puerta.
Kevin Jones,
para Rio Bravo
miércoles, 17 de abril de 2013
La alegría como trinchera
Dos experiencias de resistencia
aúnan a Paraná y Santa Fe. La defensa del Centro Cultural Gloria Montoya y del
Centro Cultural y Social El Birri, muestran a comunidades no dispuestas a
perder otro espacio cultural más.
Entre colores y alegrías, de ambos lados del río, se repite la
misma pregunta: ¿De qué hablamos cuando hablamos de cultura popular? El año
2013 comienza marcándose por este interrogante, tan necesario. Tanto en Paraná
como en Santa Fe la resistencia a ceder los espacios de la cultura popular,
evidencian un debate urgente. Hay un
poema de Benedetti que dice: “defender la alegría como una trinchera /
defenderla del escandalo y la rutina”. Y en estas resistencias sí que viene al
caso. En esta nota, algunas voces desde ambos puntos de defensa de la cultura.
Instrucciones
para defender un Centro Cultural en Paraná
No es noticia que sorprenda la falta
de espacios para la cultura en Paraná. Sin ir más lejos, en Barriletes se
plantea esto (Espacio Barri Cultural responde a esta necesidad). Así como el
surgimiento de muchos proyectos y lugares alternativos tratando de dar una
respuesta, un espacio, a las bandas, el arte plástico y la poesía (por dar
algunos ejemplos) que esta ciudad crea y recrea.
Sin embargo, esta actividad
militante en pos de la cultura local no está exenta de una fuerte crítica hacia
un estado que se ausenta y no apoya estas expresiones con una política cultura
completa, diversa y horizontal.
Entonces, entendemos que el Gloria
Montoya es uno de los pocos espacios culturales de la ciudad. Y está en
peligro. Bajo el nombre de la reconocida artista plástica, allí con el esfuerzo
de artistas locales se instauró una escuela de circo para niños, jóvenes y
adultos. Y allí también se da lugar a las expresiones de esta ciudad.
Sin datos justos, se comenzó a
hablar desde fines del año pasado de la creación de un centro de convenciones
en el actual Gloria Montoya. Un centro de convenciones que estaría administrado
por el centro de hoteleros. Desde
entonces, la creación de una Asamblea Autoconvocada por el Derecho a la cultura
fue exponiendo el tema al público en general. “A partir de diciembre comenzamos
a ver noticias en todos los medios con respecto al centro de convenciones. Nos
empezamos a preocupar y la asamblea fue tomando forma”, cuenta Diana Faggionato
sobre los primeros pasos. Sería en ese principio cuando la asamblea presentara
una nota dirigida a la intendenta de la ciudad Blanca Osuna. Aún se espera su
respuesta. “Queremos explicaciones. Todos se contradicen”, afirma Diana. Desde
entonces el principio guía fue la consigna: No al Centro de Convenciones, Sí al
Centro Cultural.
El municipio mientras tanto sigue
sin sentarse a dialogar. Así me lo señala Sergio, uno de los organizadores de
la Feria americana que esta tarde nos congrega frente al Gloria Montoya: “La
idea no se ha discutido en ningún ámbito. No solo en el de la gente que está
dentro del centro cultural. Sino que en la comunidad no se ha llamado a nadie
para conversarlo. A nadie, no solamente dentro de la cultura.”
Hay una insistencia en negar el
derecho a la cultura. En una ciudad que, repetiremos hasta el cansancio, está llena
de riqueza artística pero falta de espacios.
“Paraná ya tiene un problema con la cultura. Ya está en un momento
critico.”, me comenta Sergio. “La
ciudad tiene básicamente tres salas: El teatro, el Juanele y esta. Obviamente
que si se pierde esta, ya será mayor la presión sobre las demás.”
La Asamblea por su parte ha
convocado a varios Festivales en defensa de la cultura que, realizados a la
vera del Gloria Montoya, hacen concreta la decisión de defender este
espacio. La alegría como forma de resistencia:
“Estos festivales han tenido una concurrencia importante de gente. La idea es
que haya más información y no tanta desinformación. Evidentemente, se va
acercando gente.” Todos los pasos de la
Asamblea son informados por medio de su blog: www.asambleaporelderechoalacultura.blogspot.com.ar
Delincuentes
de la cultura del otro lado del río
Como escribe Juan Manuel Berlanga: “Gran parte de los
santafesinos ni siquiera sabe qué es ‘El Birri’. Mucho menos conoce a quienes
trabajan allí. Y, por supuesto, también desconoce qué es lo que allí ocurre.
Una sociedad indiferente, cínica y olvidadiza carece de los elementos básicos
para comprender lo que allí ha ocurrido este viernes 15 de febrero.” Y lo
que ocurrió este 15 de febrero fue el ingreso, bajo la existencia de una orden
de desalojo amparada por el poder municipal, de la policía en el Centro
Cultural y Social El Birri.
El Birri, está ubicado sobre la Avenida Gral. Lopez de la ciudad
de Santa Fe. Su historia se remonta a la época en que el cineasta santafesino y
de reconocimiento mundial Fernando Birri realizó allí su documental Tire Dié.
El film fue realizado en la vieja estación Mitre, abandonada. De allí que el
lugar comenzara a poblarse de magia, la suficiente para que en pleno 2001, el
lugar cobrase la impronta de Centro Social y Cultural autogestionado,
horizontal y diverso que tiene hoy en día el Birri. Por enumerar algunas de las
actividades que allí se hace, podemos mencionar la Birrilata, sus talleres de
teatro, la producción de editoriales artesanales, revistas y numerosos
encuentros que allí tienen lugar. Además de ser un espacio donde uno puede ir,
y batir la suya, al decir de quienes allí militan el andar cotidiano de la
estación.
Como señala Lalo Liberatore, trabajador cultural del Birri, la
existencia debe ser en convivencia con el municipio. Por ello, el comodato con
el municipio santafesino es una pieza clave para que el Birri siga llevando a
cabo su tarea. La conflictiva relación entre la gestión municipal de Corral y
el Centro tuvo su punto máximo el pasado mes de febrero.
El Periodico Pausa siguió los sucesos. Como informa en su perfil
de Facebook: “En la acción estuvieron implicados efectivos de la policía
provincial, agentes de seguridad sin identificación de la Municipalidad y
funcionarios, como el subsecretario de Prevención y Seguridad Ciudadana de la
Municipalidad, Sebastián Montenotte”. Sin embargo, el desalojo fue detenido
al mediodía gracias a la defensa popular de los vecinos y distintas
organizaciones. Durante los momentos de desalojo se produjeron diversos
destrozos dentro de la estación.
El argumento esgrimido por parte del gobierno municipal es la Puesta en valor. La profesora Adriana Falchini es encarga en pocas palabras de deconstruir este argumento eufemístico: “¿Seremos capaces en la ciudad de entender que 'puesta en valor' nada tiene que ver con el patrimonio?, término venido de la mercantilización de la memoria. Ese término alude a pensar los edificios como paredes y no como construcciones culturales. Los edificios no son sólo paredes, están HABITADOS, tienen historia humana.” Como esgrime Falchini, la responsabilidad del Estado debe existir, pero reconociendo como interlocutor legitimo a lo que ya existe. Como señala, “No se puede hacer DESAPARECER (tapiando, llevando presos, criminalizando groseramente, destruyendo). Cuando se ostenta poder económico, fuerza de represión y avasallamiento, dominio de los medios masivos de comunicación, criminalización e injurias se ejerce ABUSO DE PODER. ABUSO DE AUTORIDAD. Y eso sí que es grave. “
El argumento esgrimido por parte del gobierno municipal es la Puesta en valor. La profesora Adriana Falchini es encarga en pocas palabras de deconstruir este argumento eufemístico: “¿Seremos capaces en la ciudad de entender que 'puesta en valor' nada tiene que ver con el patrimonio?, término venido de la mercantilización de la memoria. Ese término alude a pensar los edificios como paredes y no como construcciones culturales. Los edificios no son sólo paredes, están HABITADOS, tienen historia humana.” Como esgrime Falchini, la responsabilidad del Estado debe existir, pero reconociendo como interlocutor legitimo a lo que ya existe. Como señala, “No se puede hacer DESAPARECER (tapiando, llevando presos, criminalizando groseramente, destruyendo). Cuando se ostenta poder económico, fuerza de represión y avasallamiento, dominio de los medios masivos de comunicación, criminalización e injurias se ejerce ABUSO DE PODER. ABUSO DE AUTORIDAD. Y eso sí que es grave. “
El Birri, se ubica como señala Lalo “al borde de la ciudad. Porque
el borde empieza de Avenida Freyre hacia
acá. Esta marginalidad se traduce en una invisibilización de la problemática
por parte de los generadores de opinión de la ciudad. Ante esto, se decidió
informar en todo momento a través de Comunicados de prensa que fueron surgiendo
de los plenarios (Los mismos pueden leerse en el sitio www.elbirrilucha.wordpress.com) El plenario es el espacio natural de
gestión en el Birri. Sin embargo, a la hora de tomar las decisiones a seguir
luego de este intento de desalojo el Plenario pasó a ser más contundente en su
cantidad de asistentes. Y pronto se constituyó una Multisectorial en apoyo al Birri.
Como me dice Lalo: “La sociedad santafesina ha demostrado que puede unirse ante
las cuestiones emergentes. Gente que difícilmente pueda llegarse a encontrar en
otros aspectos, estaba acá laburando hombro a hombro para una resistencia.” En
este punto hay una memoria corporal de la inundación sufrida por este mismo
sector en 2003 y 2007. Los inundados saben que ante la emergencia es necesario
amucharse, unirse y tomar decisiones en conjunto. Y, además, los inundados
saben muy bien qué cosas pueden esperar del poder político santafesino.
Finalmente, la alegría está presente. Las marchas realizadas hacia
el Municipio y el Ministerio de seguridad demuestran una respuesta alegre –no
podía ser de otro modo.
En ambos casos, está jugando a favor la democratización de la
información –sin Ley de medios mediante sino a través de nuestra propia
insistencia en nuestros perfiles de Facebook-. También se repite en ambos casos
los municipios no aceptan a quienes habitan estos espacios culturales como
interlocutores válidos. Sino que insiste en tomar decisiones verticalistas. Y,
lamentablemente, hay un rivalidad evidente entre una cultura oficial que se
trata de imponer o validar, y una cultura popular que trata de ser invisibilizada.
Así actúa Corral en Santa Fe. Así actúa Osuna acá. Así hace Macri con la Sala
Alberdi. Y así uno se da cuenta que las diferencias ideológicas en torno al
concepto de cultural, finalmente, no son tales.
En fin, esta nota está hecha para invitar a ser parte de estas
resistencias. No termina de dar el panorama total de estas acciones. Pero sí es
una toma de nota: Acá están estos fuegos, acá insistimos en esto. Y, a
propósito de esto, uno se podría preguntar ¿por qué surge la resistencia como
hecho político? Quizás la única respuesta sea que estos espacios, que hoy nos ocupan a quienes tratamos de
vivir una agenda política, social y cultural comprometida con la realidad, que
nos convocan a quienes tenemos la ocasión de transitar espacios tan bellos como
Barriletes, estos espacios han nacido resistiendo e insistiendo. El intento de
desalojo, los planes de creación de un centro de convenciones, esa persistencia
tenebrosa en hacer desaparecer, tapar, ocultar, olvidar las legítimas
expresiones de la cultura popular solo ponen en el tapete una resistencia que
cotidianamente se da. En el fondo, en estos espacios se da una resistencia
cotidiana a una forma de vida, a una lectura del mundo con la que no estamos de
acuerdo. Y por eso acá seguimos persistiendo, insistiendo, resistiendo.
Kevin Jones
para Barriletes Abril 2013
Robar trozos de fuego y provocar un incendio
Las
experiencias de mediación de lectura en la localidad de Seguí demuestran que es
posible pensar estas prácticas como actos de militancia en defensa de los
espacios poéticos.
Hace unos tres años organizamos desde el Centro Literario al que
pertenecía en mi pueblo, Seguí, un debate como actividad de cierre de nuestro
año. En este Centro, editábamos mensualmente una revista literaria/cultural y
organizamos diferentes actividades dentro del marco de la difusión del arte
local en el año. Nuestra incursión en la cultura local había sido muy buena,
pero sin embargo notábamos que el arte local seguía moviéndose entre algunas elites. Un año antes habíamos tomado la
decisión de crear este grupo en cuestión debido a que sentíamos que la
literatura local había sufrido una petrificación donde pertenecer al “grupo de
escritores seguienses” implicaba ser un tipo de escritor que no concordaba con
el que nosotros queríamos ser. De modo que, evitar ese tipo de circunstancias
había sido uno de nuestros objetivos. El debate pues tenía por objeto
preguntarnos qué obstáculos impedía que más gente del pueblo participara
concretamente de la cultura local. De modo que decidimos preguntárnoslo junto
con otras personas que hacían acciones similares en el pueblo.
De aquella actividad, y de todo lo que hablamos aquella noche, me
ha quedado presente una intervención que recuerdo aún. Mientras nos
preguntábamos cuales eran las causas de la ausencia de la literatura local en
nuestras escuelas, un hombre señaló –con aire de verdadera afirmación- que “a
no todo el mundo tienen que interesarles las mismas cosas”. Y por tanto
habiendo clubes de futbol, escuelas de deportes, “está bien que algunos niños
se interesen por eso y otros por otras cosas”. Y citó el caso paradigmático de
la cultura local en Seguí “es como el Negro Aguirre. No es algo para todo el
mundo.”. Finalmente, el argumento era que leer no es algo para todos y que, al
fin y al cabo, está bien que a algunos niños les guste el futbol y no la
lectura. Creo que muchos asintieron con
la cabeza esta afirmación, confirmada por una reciente presentación del Negro
en Seguí con muy pocas personas como asistentes; pero algunos decidimos
quedarnos con la pregunta.
Un tiempo después, cuando quiero escribir sobre las experiencias
de Taller literario en esta localidad, sobre las pequeñas erosiones que hemos
visto se han provocado en este tiempo a partir de estas acciones en la
“literatura local”, no puedo evitar pensar que aún sigo preguntándome lo mismo
que aquella noche: ¿Por qué insistir tanto con la lectura? ¿Por qué empeñarnos
en que la literatura sea cosa de todos? En fin, ¿por qué esa atención especial
a la palabra? ¿Por qué aún consideramos que alguien pude prescindir del fútbol,
pero no de la palabra?
De las experiencias que narraré surgen algunos borradores de
respuestas a estas preguntas. Advierto solamente que estas experiencias no han
sido otra cosa que la insistencia en crearle un espacio a la literatura infantil
dentro de nuestro pueblo. Acercar más textos a más chicos. Experiencias hechas
en el cotidiano andar y que por tanto resultan también cotidianas y vividas.
Como señaló hace más ya de una década Graciela Montes al ser una
de las primeras autoras argentinas en hablar sobre este problema de acercar los
textos a la gente, estas cuestiones “aunque
abordadas de manera doméstica y modesta, son cuestiones importantes y
significativas” Y es el mismo gesto que venimos repitiendo desde entonces “ponerlas así, con sencillez, sobre la mesa”
La
literatura en una escuela de pueblo
Antes de julio del año 2011, la insistencia de la Seño Mery nos
llevó a varios integrantes del Centro Literario a su aula de Tercer grado en la
Escuela Pública N° 61 Facundo Zuviría.
Se trataba de pasar parte de esa tarde en un Taller de Cuentos junto a los
chicos.
Seguí es un pueblo pequeño con unos cuatro mil habitantes, ubicado
a sesenta kilómetros de Paraná. Un pueblo donde las acciones políticas se hacen
al viejo modo de los caudillos y donde la cultura se ve muchas veces supeditada
este caudillismo político. Recién desde 2007 contamos con una Biblioteca
Popular (que recién este año ha sido reconocida por la CONABIP). Cuando
leyéramos a Michele Petit, esta
antropóloga francesa que desde hace años se ha convertido en lectura afectuosa
de quienes nos atrevemos a mediar lecturas,
nos daríamos cuenta que gran parte del rechazo a los libros, en tanto
objetos, provenía de un miedo en algunos casos a estos elementos y por otro de
una sacralización del libro. Los escritores seguienses eran quienes publicaban
libros, quienes escribían en soledad en una imagen romántica y bastante
anticuada del escritor tomado por la poesía y escribiendo sólo. Que escritores
seguienses pudieran ir a un aula y trabajar de igual a igual con los niños
significaba cambiar esa imagen al menos por una tarde.
Aquel día, armamos relatos a partir de imágenes recortadas de
revistas. La experiencia fue buena, y cada chico creó su relato durante una
primer hora. Mientras que durante la segunda, se dedicó a 'arreglarlo', ver si
realmente decía lo que había querido expresar. Y así, terminamos sentados en
ronda, leyendo lo fabricado por los chicos. Aplaudiendo luego de cada relato
mutuamente.
Esa tarde me pareció fantástica. El Centro Literario venía trabajando desde
hace rato con Talleres y sosteniendo medios de difusión de la Literatura,
participando de otras experiencias y creando libros; pero por primera vez, una
docente nos había invitado a compartir una experiencia de ese tipo. Es decir,
nos había reconocido como actores sociales alrededor de la literatura.
Eso, en la realidad seguiense, significaba mucho.
De todos modos, lo más interesante era que la cosa no quedaba ahí. Los cuentos
iban a formar parte de un libro artesanal fabricado por los niños junto a sus
familias. Cada chico había escrito un relato junto a su familia y lo había
traído a la escuela. Su maestra los había recopilado, y luego había creado el
espacio para que los chicos escribieran sus propios relatos. El resultado fue
un hermoso libro de cartón y cartulinas, titulado “Cuentos en familia”, que
reunía todo lo trabajado más las imágenes a partir de las cuales se había hecho
aquel taller. Obviamente, el Taller permitió vivir de cerca con Mery el proceso
y volvernos en cierta manera cómplices de aquello.
Cuando semanas después el libro se encontraba ya confeccionado, no me sentí desprendido de la experiencia. En vez
de eso me sentía más metido en ella.
Por eso, cuando Mery me dijo que existía la posibilidad de participar de un
Concurso como “Juntos por una Argentina lectora”, no dudé en embarcarme.
Este Concurso proponía la realización de experiencias de
lectoescritura dentro del aula durante dos semanas. Las experiencias debían ser
registradas y evaluadas por la docente, de forma tal que pudiera dar cuenta de
lo que había ocurrido en los niños luego de esas lecturas.
Así fue que durante dos semanas, para cumplir con los requisitos
del concurso, practicamos diversas formas de lectura dentro del grupo. Anotando
cómo reaccionaban los chicos, y resumiendo toda la experiencia en un trabajo
final.
El trabajo final quedó hecho una noche que, tarde, Mery y yo
finalizamos de escribir lo que habíamos hecho. No habíamos anotado en nuestro
trabajo final los obstáculos. No habíamos anotado por ejemplo la resistencia de
los niños a imaginar, su imposibilidad de poder dibujar la Plapla de María Elena
Walsh porque “eso no existe”. No habíamos contado el día que tuvimos que
postergar nuestra actividad porque había directivas de avanzar con matemáticas
para que los niños obtuvieran mejores calificaciones en el examen siguiente. No
anotamos que, directa y explícitamente, se nos había dicho que los textos que
trabajamos en el aula no formaban parte de la currícula, no respondían a
criterios escolares y no habían sido planificados con anterioridad. No anotamos
el prejuicio de nuestro pueblo a que a literatura estuviera en la escuela y
ocupara un lugar en ella.
Aun así, nuestro trabajo ganó el primer premio a nivel nacional. El premio otorgado por la Fundación Leer y la
Revista Nueva consistía en una biblioteca de doscientos cincuenta libros de
literatura infantil para la escuela. Y más aún, significaba una legitimación,
casi azarosa, de nuestra actividad. Cuando los directivos de la escuela
hablaron por los medios locales sobre este premio entendí que nuestra acción
ahora era válida en tanto servía, en tanto daba algo a cambio. No se podía
comprender aún que uno de los principios de lo poético es su gratuidad, y que las
incidencias que nuestros textos internos, y todos los mensajes poéticos que
hemos recibido para significar el mundo, no podía ser evaluada o premiada,
rechazada o legitimada en cuanto pertenecía a otro orden de cosas.
Relaciones
conflictivas
Habíamos aprendido que la relación literatura-escuela no era de la
mejores. Habíamos tenido que “robar tiempo” en todo momento para que la lectura
fuera posible en horario de clase. Teníamos que quitar tiempo a otras cosas,
más “importantes”, como Matemáticas para leer, para escribir para dramatizar Caperucita roja. La versión del lobo.
Graciela Montes diría que la relación entre la literatura y la
escuela está marcada por la presencia de ilusiones
en conflicto. En la década del ’80, junto con el regreso a la democracia,
hubo una apertura de la escuela hacia la literatura infantil. Fue la escuela
quien tiró la primer piedra en un gesto valeroso y pionero. Del otro lado,
respondió una literatura rejuvenecida que se preguntaba más cosas sobre sí
misma que antes y que estaba empeñada en crear otra forma de literatura para
los niños. De manera que autores como Laura Devetach y Gustavo Roldán hicieron
por primera vez su ingreso en las aulas. Sin embargo, la amistad entre la
literatura y la escuela terminó pronto. Rápidamente hubo quien se diera cuenta
que con este texto se pueden enseñar las provincias y con aquel dar tal
contenido. Es decir, llegó la escolarización de la literatura. Un proceso por
el cual se cerraron los sentidos de muchos textos y se clausuraron otras tantas
lecturas –ya no hubo espacio en la Escuela para que Bartolo se diera cuenta de
que lo que había pisado era caca o para que aquel animal de Roldán muriera
delante de los ojos de los niños. Y por otro lado hubo un sometimiento de la
literatura a los contenidos curriculares. De allí a los manuales con el texto
correspondiente a cada tema, hubo un solo paso. Díaz Ronner había escrito en
esta misma década su Cara y cruz de la
literatura infantil donde con pasión criticaba el didactismo de la
literatura. Es decir, la creación de textos con fines puramente didácticos. O
sea, utilitarios. Sin embargo, este gesto intelectual, aunque valioso, no
alcanzó a contener lo que fue moneda corriente en los ’90: La literatura tenía
un espacio en la escuela pero pagaba un alto precio por ello. Ese
adoctrinamiento de la literatura, ese sometimiento, fue el que hizo que
nuestros encuentros con la literatura fueran fragmentarios, de a trozos,
escogidos cuidadosamente para que o participemos activamente de un mundo
literario donde se vive y se muere, se dicen “buenas y malas” palabras, donde
la gente se puede separar o un perro puede pasar hambre. Esas cosas no pasaban
–ni pasan- en la literatura que ingresó a la escuela. De allí vinieron muchas
de nuestras malas lecturas y muchos de nuestros rechazos hacia la literatura.
Ese lugar que ha llegado a ser considerado como constructor de nuestra idea de
libertad, terminó siendo para los niños un espacio aburrido y relativo (En esta
hora leemos como en aquella hora escribimos lo que nos dictaron de Geografía)
En el aula seguiense nos estábamos enfrentando con esos problemas.
La literatura estaba incomoda en la escuela, pero era necesario provocar un
encuentro entre los niños y la literatura. “Hay
que seguir ahí, mientras haya algún niño en la escuela vayamos a ella”, afirmó
Rosanna Nofal durante la última Feria del Libro santafesina en relación a este
problema. Es decir, ante esto solo podemos responder con una militancia que
proponga otra forma de pensar la literatura en la escuela.
Pero, mientras tanto ¿se pueden crear otro tipo de espacios para
la literatura en el pueblo? ¿Dónde? ¿Con el respaldo de quién? Y en el fondo,
la misma pregunta: ¿Por qué la Literatura?
La
ficción como derecho
La experiencia nos decía que en primer lugar debíamos asumir esta
cuestión como un asunto personal. El gesto de Mery nos había demostrado que fue
su interés personal el que la llevó a concretar esas intervenciones literarias
en la escuela. Fue su esfuerzo extra
como docente el que garantizó el cumplimiento de esta experiencia. De manera
que, como leeríamos luego en Petit, “solo
la atención personalizada a niños y jóvenes” puede democratizar la lectura.
Y por otro lado, habíamos visto que era necesario tomar posiciones
respecto a la lectura. Sabíamos que no nos interesaba el discurso aleccionante
de “Es necesario que los chicos lean” o “mientras menos lees más ignorante
sos”. Queríamos provocar otra cosa con la literatura. Petit ha
señalado que existen tres tipos diferentes de lectura: Por un lado aquella en
que buscamos un mejor manejo de nuestra lengua, buscamos conferirnos un poder
sobre ella. Por otro está la lectura que prefiere la escuela, aquella que nos
aporta conocimiento concreto sobre el mundo. Estos tipos aunque válidos, no son
tan valiosos como el tercero, aquel que menos practicamos: La lectura que nos
constituye. Cuando es plena, una lectura literaria nos da herramientas para
elaborar nuestra subjetividad. Hace que seamos capaces de construirnos como sujetos. Pero para que esto suceda tenemos que ser
capaces que provocar la ocasión de encuentro. Volvamos a Montes, que define la
ocasión de una manera hermosa: La ocasión
es una grieta en el tiempo, una brusca expansión del instante. Una isla que
obliga al agua del gran río fluyente a pegar un rodeo. Significa un pequeño
brinco de libertad, un ensanchamiento del horizonte, un nuevo punto de
vista. La ocasión es un punto de resistencia al tiempo, hincha de
significaciones el instante. La ocasión abre el tiempo, lo fisura, dando lugar
a que allí se construya sentido, se fabrique mundo, que es algo imprescindible
para el humano.
Es decir, la Ocasión crea otro tiempo y otro espacio dentro en
este tiempo y espacio -¿qué es –sino- lo que hacemos cuando nos dejamos llevar
por la ficción?- que incide sobre nuestro tiempo y espacio, lo ensancha. Hace,
digámoslo de una vez, que el mundo sea mundo. Es decir, hace que estar acá,
vivos, signifique algo. Ese poder solo lo tiene la literatura. Cuando fuimos
capaces de darnos cuenta de esto, tuvimos al fin respuesta para nuestro debate
de aquella noche. Supimos al fin que la literatura es la forma de construir
mundos para habitar, es decir, darnos los significados para habitar la vida. En
palabras de Petit, mientras más acceso tengamos a más significados como sujetos
“más aptos para vivir seremos”.
Entonces todo cerró. Por
eso Montes habla de la creación y defensa de espacios poéticos desde los cuales
nos demos la libertad de encontrarnos con la literatura. Porque aún hoy, en
este mundo desterritorializado e inhumano a golpes del capitalismo, vale la
pena que nos demos la oportunidad de ensanchar nuestro mundo. De allí a
entender que la ficción es un Derecho para los hombres y entender que ante su
total ausencia en nuestra cotidianeidad debíamos actuar como militantes, hubo
un solo paso.
¿Por
qué un Taller Literario organizado desde Agmer?
La poesía no
es un lujo, o un divertimento, es una necesidad, como lo es el amor.
Aldo
Pellegrini
Con esta frase como máxima, como guía y síntesis de lo que
queremos decir –casi como manifiesto de lo que creemos respecto a los espacios
poéticos de este mundo-, salimos a hacer las primeras promociones del Taller
junto a Araceli.
Con Araceli nos conocemos desde hace algún tiempo, y vale decir
que fue su rol de Delegada de Agmer en Seguí, en su escuela la 61,
lo que hizo que nos acercáramos más. Podría decirse que entablamos una especie
de amistad, construida por el paso del tiempo como todo. Y uno con los amigos
se atreve a proyectar, a soñar, a tener causas comunes. Tal es así que en
cuanto tuvimos la oportunidad, levantamos vuelo a un sueño pequeño que teníamos
a un costado: La actividad gremial, bicho raro en Seguí, comenzaba a llegar a
nuestro pueblo como invitación a la lucha, a la creatividad, al reconocimiento
del poder que la pedagogía encierra. Nos referimos a la novedosa ocasión
de que la Filial de Agmer Crespo pase a ser Agmer Crespo-Seguí, y la actividad
gremial estuviera más relacionada con el quehacer social y político de nuestro
pueblo. Eso significaba más actores sociales interviniendo el día a día
seguiense, y eso siempre es bueno. Por eso, a modo de celebración
quisimos con Araceli comenzar en seguida a planear nuestro Taller. Se
vislumbraba al fin la posibilidad de crear, ensayar y experimentar, otro tipo
de espacio para que los niños se encontraran con la literatura.
Pero la pregunta es ¿por qué organizar un Taller desde Agmer?
Desde hace tiempo, trabajadores del lenguaje de nuestro país que
se hallan relacionados a la búsqueda de conceptos sobre la Literatura y su rol
social, entienden que los espacios de taller como “espacios poéticos”. Esto
concepto no limita el trabajo a la poesía como a primera vista parece, sino que
entiende la poesía como ‘algo’ que difiere del mundo, algo novedoso, fuera del
orden, extraño que ocurre en él. Incluso, Laura Devetach plantea que se trata
de “una forma de estar en el mundo” y aclara enseguida: Este planteo
deja por ahora de lado a los niños, y nos involucra a nosotros, los adultos,
personas, despojados de roles, justamente para poder luego no dejarlos de lado
en algo que ellos –los chicos- experimentan como algo natural y que la
mayoría de las veces desconocemos, desdeñamos o reprimimos.
Entonces, ahí es donde uno elige donde pararse. Como acto
político, como acto pedagógico (¡Qué palabras parecidas! ¿no les parece?)
elegimos construir y defender espacios poéticos para nosotros y para los niños
en Seguí, en el Seguí de aquí y ahora.
La defensa del espacio poético implica crear espacios donde el
yo-nosotros permita vislumbrar aquello que escondemos dentro: Aquella
calandrias, dice Gelman, que tenemos en
nosotros.
Por eso, en cada Taller, lejos de banderismos gremiales
(convencidos de que el acto habla por sí mismo), tratamos de abrir la puerta
para jugar mientras el lobo no está. Para jugar, para desandar un camino. Y
para que nosotros, docentes, estudiantes universitarios, niños de Seguí,
defendamos el derecho a estar en el mundo poéticamente. Y no es menor que esto
sea respaldado por el gremio docente entrerriano, ya que es darnos cuenta de
nuestro trabajo ya sea como trabajadores intelectuales o como quienes aspiramos
a serlo.
Entendiendo la poesía como necesidad, como derecho, entendemos
este Taller como un espacio de construcción de poder y de lucha. Eso no es poca
cosa.
Un
año de Taller
Así fue que vivimos este año de Taller. Durante nueve meses, cada semana, se leyó
literatura infantil. Cada viernes se escribió cuando hubo cosas que decir. Cada
semana hubo una ronda donde hablar de lo que habíamos leído, y también de lo
que nos había pasado en la semana. Hace varios años que doy talleres literarios
similares para personas grandes y por
primera vez me encontré con personas chiquitas.
Fue sumamente hermoso sentir como en la niñez lo poético se encuentra allí
nomás, en una capa apenas debajo de la piel. Entonces fue fácil darnos cuenta
que la posición de escucha de la poesía es y será siempre la niñez. No porque
solo los niños sean capaces de la poesía, sino porque tenemos que hacernos
niños para ser capaces de la poesía. Es decir, entender la niñez como actitud
ante el mundo. Hacer este taller fue un viaje. Y también plantar un punto de
trabajo en nuestro pueblo.
El Taller culminó con la publicación de la antología ¿Quién dijo que los chicos no saben de
cuentos? El libro, editado por La Gota Ediciones, reúne producciones de los
niños en el espacio de Taller y su creación fue realizada en todo momento con
su participación activa. De hecho, el acto de presentación fue organizado a
partir de sus necesidades y deseos.
Un gesto tras otro, desde el gesto de Mery hasta el de los padres de
los niños que acompañaron esta experiencia, habíamos logrado darle un lugar a
la literatura infantil en Seguí.
Decidimos con Araceli colocar al Prólogo del libro por nombre Bichos de luz. Pues habíamos leído hace
tiempo en el Taller un poema de Laura Devetach que decía –y lo pondré aquí
entero para que sea una buena excusa de encontrarse con él-:
El bicho de luz
engaña
se convierte en ascua
camina en las sombras
como si fumara.
Nunca soples
un bicho de luz.
Puede convertirse
en un incendio.
engaña
se convierte en ascua
camina en las sombras
como si fumara.
Nunca soples
un bicho de luz.
Puede convertirse
en un incendio.
Sólo aquella metáfora había sido capaz de expresar con plenitud lo
que sentíamos. Nos sentíamos autores de un incendio.
Aquella sensación, de haber desatado algún incendio, me hizo
recordar lo que sentí cuando iba a leer al aula de Mery: Terminado nuestro
trabajo con el libro y habiendo pasado el tema del concurso, aprovechábamos
algunas mañanas para hacer lecturas en el aula con Mery. Lo hacíamos en
secreto. Y con los niños como cómplices robábamos una hora a alguna materia y
leíamos. Petit dice que, casi tímidamente, que la cultura se hurta. Yo por mi
parte, más tímidamente aún, pienso en Prometeo. Aquel hombre que robó el fuego
a los dioses. Siempre pensé, si no hubiera sido mediante el robo, ¿hubiera
habido otra explicación para la obtención de algo tan maravilloso e
hipnotizante como el fuego?
Dicen que el mito es en realidad uno solo. Que los hombres hemos
contado de diferentes maneras en diferentes civilizaciones un solo mito sobre
el universo. Pues yo pienso que al robar cultura, al robar literatura, estamos
repitiendo, eternamente, el gesto de Prometeo y nos estamos robando un buen
trozo de fuego.
Kevin Jones
para Río Bravo
lunes, 8 de abril de 2013
Mirar
una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos
Alejandra Pizarnik
Lo primero que hice al llegar a casa fue sacar de la cartuchera la pluma que me dio Josua y pegarla en la pared. Para mirarla. Mientras apronto el mate, mañana cuando me vaya a la Facultad, cuando vuelva, cuando vaya de nuevo la semana que viene a Barriletes: Mirarla.
Quizás ese mirar sea la única forma de lucha contra la invisibilización, y de traer a la superficie de nuestra cotidianeidad con ello a los invisibilizados.
Sí, hay culpables. Y los culparemos. Sí, hay trabajos que organizar, acciones que empezar. Y las empezaremos.
Haber digamos un cliché: Hay niños con hambre. Hay niños perdidos.
Ajá. Y,
Esos versos de arriba definen una convicción. Creer que la vida es transformable. Hay que cambiar la vida. Hay inventar el amor. Pero esa convicción a veces se adormece, a veces no tiene por donde andar. A veces simplemente nos angustia en una tarde en Barriletes con unos chicos creer y no saber poder. O no saber que creemos. O no saber que podemos.
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