jueves, 20 de junio de 2013

Decir el mundo

Quiero compartir una anécdota que encontré por ahí. Es de Freire. El cuenta que durante el proceso de alfabetización de adultos en Santo Tomé y Principe en los años ’70, visitó un circulo de cultura (tal el nombre de los círculos en donde se comenzaba este proceso de alfabetización para la liberación) en una comunidad pesquera llamada Monte Mário. Había en el círculo de cultura una palabra, el nombre de un pez, y un dibujo (codificación) de la comunidad. Los pescadores miraban en silencio el dibujo y la palabra. Hasta que de repente cuatro de ellos se levantaron y miraron el dibujo y el pueblo, el dibujo en la pared, el pueblo en la ventana. Dice Freire, “Miraron el mundo afuera. Se miraron entre ellos, ojos vivos, casi sorprendidos, y mirando una vez más la codificación, dijeron: ‘Es Monte Mário. Monte Mário es así y no lo sabíamos.’ A través de la codificación, aquellos cuatro participantes del circulo ‘tomaban distancia’ de su mundo y lo reconocían.”
Desde esa anécdota quiero hablar hoy. Pero no desde ese recuerdo solo. Sino también desde las palabras que Soledad Deu, tallerista de esta casa, escribía preguntándose por el para qué de la acciones que tratamos de llevar adelante detrás de este papel. Porque Barriletes siempre ha tenido eso: Hay algo detrás del papel. Hay acciones, hay una praxis constante detrás de este papel que va de la oportunidad, del dinero, que queda para quien vende esta revista hasta la creación de una Comunicación comunitaria realmente democrática. Así cada reflexión ha sido acompañada de la acción. Y esto es así por la simple razón de que seríamos unos incoherentes, demagogos y algo bastante hijos de puta de no hacerlo así.
En ese marco, entre estas dos puntas, los Talleres que lleva adelante Barriletes este año son parte de esa acción reflexiva que busca transformar la realidad. Una acción en la que creemos.  Son los mecanismos de Educación Popular que intentamos llevar adelante, en este caso, con los niños de Villa Mabel. Y nuestras preguntas surgen desde ese lugar.
Será desde esos lugares, desde las que escribiré hoy.




¿Por qué insistir con las palabras?
            La primera vez que escuché el nombre de Paulo Freire fue en el galpón de Barri. Fue hace unos años. La Comunicadora Social que estaba coordinando el encuentro, suspiró, bajó los brazos y dijo en un momento deteniendo su discurso: Un pedagogo brasileño, Paulo Freire, dice que decir la palabra verdadera es transformar el mundo. Me maravilló. Aquella unión entre el decir y el hacer, entre la palabra y el mundo, me maravilló. Y solo porque la vida es caprichosa, puedo entender el hecho de que sería años después, estas semanas, en Barriletes nuevamente, donde encontrara el sentido más hondo de aquella frase.
En Abril de este año, la Biblioteca Esos otros mundos de la Asociación Civil Barriletes comenzó a implementar un proyecto de mediación de lectura denominado ‘La casa de las palabras’.
Este proyecto fue elaborado por los participantes del Taller de Mediación de Lectura que se realizó en la institución en Octubre y Noviembre del año pasado. En dicho taller, se recorrió a través de ocho encuentros los planteos teóricos de Michèle Petit, Graciela Montes y Laura Devetach. Estos ‘planteos teóricos’ no nacieron en el vacío, sino que están en relación intima con la práctica. En este sentido, para acercarnos a esta palabra verdadera, se pensó una instancia de praxis que fue llevada a cabo de forma promisoria: Se realizaron encuentros de lectura en la ‘Casa del Adolescente’ de Rafaela (Santa Fe) y en el Barrio La Boca, de la ciudad de Santa Fe.
Con este pequeño recorrido es que se comienza este año, y a esas inquietudes responde este proyecto. Su pregunta de base consiste en qué tipo de Biblioteca pensamos. Es así que, entendiendo, junto a Graciela Montes, a las Bibliotecas como espacios dinámicos que deben provocar ‘ocasión de lectura’, planteamos movimientos hacia adentro y hacia afuera de la Biblioteca.
Hacia adentro de la Biblioteca, y por lo tanto de Barriletes como institución, la Biblioteca se suma al trabajo que la institución viene realizando desde 2012 en Villa Mabel. Se realiza así un Taller semanal junto a los niños con que se venía trabajando tiempo atrás.  Hacia afuera de la Biblioteca, se realizan visitas mensuales a la Escuela Primaria N° 1 de TC Dr Cesar Blas Pérez Colman (Dentro del complejo Escuela Hogar). Este Taller mensual se encuentra incluido dentro de la programación curricular docente, y sienta por lo tanto un precedente de trabajo compartido entre la institución y la escuela. En los encuentros se espera trabajar la lecto-escritura, privilegiando y volviendo a poner en escena el espacio de la Biblioteca escolar.
Estas pequeñas acciones, comprenden lo que entendemos como Mediación de lectura: La Biblioteca de Barriletes no tiene sentido si no se constituye como un espacio de Mediación, es decir de encuentro con la palabra, de ocasión de la palabra. Y es dentro de este proyecto que nos preguntamos por qué las palabras.
¿Qué pueden hacer las palabras ante la marginación, la exclusión, la desidia estatal y humana que un barrio paranaense como Villa Mabel presenta? ¿Qué tiene para decir la Literatura en la primaria de la Escuela Hogar, donde una docente hace lo imposible para que la misma acción educativa se justifique ante las problemáticas sociales que atraviesan la escuela? Es desafiante creer que la Literatura puede hacer algo. Y así lo creemos.
Y en eso radica la decisión política barriletera. Como institución, no creemos en el asistencialismo. Lo que es decir que creemos en el emponderamiento de los sujetos.  Lo cual significa emprender la larga tarea del reconocimiento de los Derechos, la constitución de la subjetividad y la participación social. Y en el caso particular del proyecto que estamos llevando adelante como Biblioteca, esto es: Entender la poesía como un derecho humano; reconocer a la literatura como elemento esencial en la construcción de la subjetividad humana y buscar la forma de enunciar la palabra verdadera.



Leer y escribir con niños de Villa Mabel
Podríamos decir que, los niños con los que trabajamos en Barriletes no saben leer y escribir en la mayoría de los casos.  Pero no, elegimos entender que los niños saben leer el mundo. Y que es desde esa lectura del mundo desde la cual tiene sentido leer la palabra.
Freire cuenta que él leía cuando era niño. Leía sin saber leer. Escribía sin saber escribir. “Las letras, las palabras de aquel contexto [mi mundo] se encarnaban en el canto de los pájaros”, cuenta. Y así él leía en “la danza de la copa de los árboles sopladas por fuertes vientos que anunciaban tempestades, truenos, relámpagos”. En “las aguas de la lluvia jugando a la geografía, inventando lagos, islas, ríos, arroyos”. Así, el silbo del viento, las nubes del cielo, los colores del follaje, el aroma de las flores, la cáscara de las frutas, todo estaba dispuesto a ser leído. Porque cuando vamos a la escuela nos mienten. Y nos dicen que ahí aprendemos a leer, que ahí aprendemos a escribir. Sin embargo, hay una lectura del mundo que es anterior a la palabra.
Desde esa lectura del mundo trabajamos. Sabiendo que el acceso a la palabra debe suceder. Pero que no tiene sentido si lo hacemos desde el mecanicismo. ¿Para qué queremos decir la palabra? Y esto es lo que estaba claro en Freire, y debe estar claro en nosotros: Debemos decir la palabra para transformar un mundo que está siendo. Para aceptar que entre el tiempo y nosotros, entre el mundo y nosotros, se interpone el viento. Y cuando el viento pasa por nuestra garganta, decimos la palabra.  Y hasta acá llego. Porque escribí todo esto para poder decir que los pequeños textos que siguen han sido creados, lanzados al aire, oídos, grabados, tomados, robados en el Taller de Barriletes y pertenecen a niños que están diciendo el mundo.



-Sin titulo-

Vaca Alicia está comiendo pasto. Viene un tigre y la molesta.
-Yo estaba tranquila, dijo la vaca, con una dulce sonrisa. Voy a correr lo más rápido que pueda, así no me alcanza.
Después se puso tan feliz porque se había escapado. El león no la molesto más y ella comió hasta que se durmió.
Franco y Antonela


El padre interrumpe
Había una vez un perro y una gallina.  El perro se enamoró de la gallina.  Y el perro se hacía el que no la amaba.
La gallina le decía perro asquerosos ándate de mí casa, no te amo.
Y el perro dijo que vos me amas.
-Y mi papá no me deja tener novio. Yo quiero andar con vos, pero no me dejan.
-Vamos a casarnos, le dice el perro.
-Pero no me deja mi papá. Vamos a casarnos a escondidas, dijo la gallina. Sin que mi papá se entere. Pero ¿sí se entera?
-Pero, déjalo…
-¿Y si me mata?
-Yo te defiendo. Si yo soy hombre.
-¿Y si te gana?
-Yo me muero.
Y terminó perdiendo el padre y terminaron casados.

Carolina

-Sin titulo-

Había una vez un señor que plantó una semilla de naranja. El árbol estaba creciendo hasta que terminó de crecer y había un montón de naranjas. El señor llamó a todos sus amigos. Ellos le dijeron gracias, se pusieron muy felices y contentos.

Evelyn y Franco

Kevin Jones,
para Barriletes

lunes, 20 de mayo de 2013

Tilo Wenner: Despierto y conmovido


Un día nos reuniremos gran suma de minúsculas despiertas y conmovidas 
Entonces derribaremos las puertas del tiempo injusto 
Y no habrá nadie entre nosotros que llore por la causa de los ídolos mimosos 
Nadie entre nosotros que nos delate con su canto de sirena a los señores de la
[infecundidad 
porque habremos cerrado tanto nuestras filas que toda la ternura será nuestra 
Entonces no habrá nadie entre nosotros con empacho divino 
Los curanderos se comerán sus yerbas y se ahorcarán con sus cintas de medir 
Nadie rebelará nuestro poder porque seremos todo el poder 
No volveremos nuestros rostros cuando los niños nos sonrían 
iremos de nuevo a la escuela con ellos 
Entonces no habrá entre nosotros ningún indeciso 
Los reclutadores se quedarán sin sueños en el infierno 
Que les dejaremos por herencia 
No nos sentaremos a medianoche en la cama a preguntarnos 
¿sueño o estoy despierto? 
Los mesías del valle no podrán ir a las montañas 
porque ellas también serán libres 
No dejaremos crecer las alas de ningún pichón de águila 
Destetaremos los terneros mañosos 
Un día nos reuniremos y romperemos todos los contratos de la providencia 
siempre oportuna en desviar el agua y el aire de nosotros 
No habrá invitados especiales entre nosotros 
Decidiremos el mundo entre todos 


Tilo Wenner

Estoy casi seguro de que no se debe comenzar una nota de esta forma en que lo he hecho. Pero hoy, que llovió tanto, me es imposible respetar las convenciones. El poema es de Tilo Wenner. Alguien, un nombre, un hombre, que no conocía hasta algunos meses atrás. Para llegar hasta él debería remontarme un poco más atrás. Entonces yo estaba comenzando a leer a muchos poetas entrerrianos. Un día, por casualidad quizás, di con un poema de Arnaldo Calveyra, un poeta nacido en Mansilla. Quedé maravillado. Aquella lectura tuvo en mí el efecto de un ruido que nos despierta en medio de una noche. Y enseguida llegó la inquietud: ¿cómo eso que estaba cerca podía colocarse tan lejos? Como si alguien hubiera querido subir
a los lugares altos toda aquella poesía para que los niños no la tocasen. De a poco me fui dando cuenta de algo que quizás era obvio, pero que no había notada hasta entonces: La tradición poética entrerriana estaba siempre cerca y lejos de nosotros. Y al nombre de Calveyra entonces le siguieron bastantes más. De aquellas inquietudes hoy hay algunas cosas en marcha. Y en estas páginas, un rescate venido de esas mismas inquietudes: Llegué al nombre de Tilo por un conocido que me recomendó investigar un poco sobre él. Después, una tarde de viernes, hablé con la persona indicada para charlar de Tilo: El escritor Marcelo Mangiante, quien está a cargo de la Biblioteca Alternativa Tilo Wenner.

Los motivos de la ausencia
Tilo Wenner nació en Galarza en 1931. Escribió. Editó. Luchó. Viajó. El 26 de marzo de 1976 fue detenido, y -¿hay alguna forma de escribir bien esta frase?-  se convirtió en uno de los desaparecidos. Como veremos más adelante Wenner fue un desaparecido en muchos sentidos.

-¿Cómo llegaste a la figura de este escritor?
-Yo llego a la figura de Tilo Wenner en 2001, buscando un tema para mi tesis de licenciatura. Ya tenía un tema, pero no me convencía. Y lo terminé de desechar cuando encontré en una revista literaria llamada La danza del ratón, que es de Buenos Aires, en un número viejo, varios pequeños poemas y un fragmento de otro poema mayor de un escritor, que además de ser escritor era periodista, entrerriano y desaparecido. ¿Cómo podía ser que de alguien así recién me enterase el nombre? Porque para mí, como periodista en ese momento, como escritor que empezaba a ser entonces, y como entrerriano que venía siendo desde nacer, y además como desaparecido, como yo en ese momento [2001] me sentía, era alguien con quien podía tener mucho en común. Incluso habiendo leído mucho sobre el tema, siempre había sido un ausente su nombre. Por algo había estado ausente, por algo me encontraba con él de una forma tan rebuscada. 

Enseguida me cuenta que tuvo la sensación de que había una historia que reconstruir. Mangiante presentó su tesis en 2009. La misma consistió en la recuperación literaria de Tilo Wenner y en un análisis de esa obra. Además de una reconstrucción parcial de su vida. 
Respecto a su labor política, uno tiende a pensar en la figura del Militante. Sin embargo, Marcelo me hace algunas aclaraciones: “Liana, una de las hijas de Tilo Wenner, me dijo en algún momento: ‘Mi viejo no era un militante, porque un militante tiene la cabeza de 45 grados. Mi viejo era un intelectual, lo que equivale a tener una apertura mental de 180 grados’. No era alguien enrolable en alguna de las organizaciones tradicionales. No estuvo ni en Montoneros, ni el ERP... No puede caratulárselo ni de peronista ni de radical ni de comunista. Si algo fue Tilo Wenner ideológicamente hablando, yo diría que fue un anarquista o un libertario. Era un tipo que buscaba la libertad humana por sobre cualquier otra cosa. Y no aceptaba la disciplina de cualquier tipo de organización”.

-Tilo Wenner desaparece en marzo del ’76 en Belén de Escobar. En aquel entonces editaba el periódico El actual. ¿Cómo fue ese paso desde Galarza hasta allí?
-Él vive los primeros diez o doce años en Galarza. A principios de los cuarenta, su familia se muda a General Pirán. Un pueblo al sur de la provincia de Buenos Aires, parecido a Galarza. Todavía adolescente, se irá de allí a Buenos Aires, seguramente peleado con la familia. Como máximo habrá tenido dieciséis años cuando se va a Capital a terminar sus estudios secundarios. 

Allí intentará ingresar a medicina, cosa que no podrá hacer por un accidente ocurrido en General Pirán en el cual perdió el brazo izquierdo. Luego irá como oyente a clases de Filosofía y Letras de la UBA. “Imagino que allí se formó como el intelectual que después fue”, me dice Marcelo que, a cada rato frena un poco su charla para pensar. Pareciera que estuviera revisando nuevamente los hechos, las cosas, en que antes debe haber pensando y mucho. 
Entre aquellas clases, el acceso al alemán por su familia, y la presencia de libros en su casa, nace la figura de Tilo que fijaría su vida. Será finalmente decisivo su viaje a Francia en los años ’50. En pleno auge surrealista y de las vanguardias. Viajaría por Chile y Bolivia también. Cuando vuelva, va a comenzar a escribir.

-¿Cómo es la literatura de Wenner en rasgos generales?
-Una literatura que no se asemeja a la literatura social de la época. Lo que él hace es mucho más abstracto, más centrado en la forma que en el contenido. Va a ser una literatura de vanguardia, a su manera. 
Él formó parte de un movimiento de vanguardia que no fue un ‘ismo’ más en la larga lista de ‘ismos’. Era una vanguardia provocadora de las otras vanguardias. Tilo Wenner se pelea con el ícono máximo de los movimientos de vanguardia de la Argentina: Aldo Pellegrini. Era completamente provocador. Y su grupo seguía esa impronta. La historia de la literatura se construye con amigos adentro también. Algo que por ahí no se dice. Y Tilo era indomable. 

En 1964, comienza a editar el periódico El actual como medio de vida, ya instalado en Belén de Escobar. El periódico consiguió tener los suficientes suscriptores como para que cualquier cosa que dijera El actual pudiera provocar alguna reacción. Así se convierte en un periódico semanal que sale desde noviembre del ’64. El último día que salga este periódico será el 24 de marzo de 1976. Aquel día salió anunciando en primera plana el ataque que su imprenta recibe esa misma noche. Un ingreso con fusiles de un grupo paramilitar en la redacción (que a la vez era la casa) de Tilo. Él logrará escapar descolgándose por encima de la pared a la casa del vecino. Aquella noche lo salvó su perro que comenzó a ladrar antes del ingreso. La noche entera permaneció en la casa del vecino, para volver a primera hora para trabajar en aquella edición.  Dos días después, aún con miedo pero sin que oponga resistencia y fumando, se lo llevan a la comisaría. Desde entonces no se supo más de él. 
Uno no puede evitar preguntarse, ¿la ausencia de Tilo Wenner en la construcción de memoria más verticalista es por su carácter de poco maleable justamente? “Él primero fue un desaparecido en la literatura y luego un desaparecido político”, me dice mi entrevistado cuando le comento estas dudas. 
Y hasta aquí llego yo.  La última dictadura militar, entre otras cosas, clausuró lecturas. Pero la lectura de Tilo Wenner ya la habíamos clausurado nosotros como sociedad antes. Y sigue igual de cerrada. Las lecturas clausuradas nos hacen estar dormidos. Como en un poema que Calveyra escribe en forma de carta, donde dice al final: “¿Sabes? No me di cuenta que estaba triste hasta que canté.” El arte, entre otras muchas cosas, nos despierta. Marcelo, que ahora está con todo un hermoso proyecto editorial llamado “La gurisa cartonera”, que lo pueden encontrar mirando los libros de la Biblioteca Tilo Wenner, me dice que en este momento hay una especie de reaparición de su figura. Me dice que espera poder editar algún día la Obra completa de Tilo Wenner. Ojalá.


Kevin Jones,
para Barriletes (Mayo 2013)

El silencio de las sirenas / Franz Kafka



Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:
Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.

Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

martes, 7 de mayo de 2013


¿Por qué se guardan las cosas? 
Tanto trueno tanto rayo 
Las cosas que no se dicen 
se hacen flores de un pantano. 

La muerte no existe acá, 
todo esta vivo, presente. 
La memoria es asesina, 
da muerte a la misma muerte. 

Desembala la memoria 
que no hay cosa que no sirva. 
Te va a servir lo amarrado 
y lo que anda la deriva. 

¿Por qué no lloras un poco 
vos que vas bailando tanto? 
Llora bien, abrí los ojos 
y después seguí bailando. 

Podrán lloverte 100 siglos 
pero ni un segundo más. 
La desgracia es cuidadosa 
llega y se marcha puntual. 

No te pido que te amargues, 
me estás entendiendo mal. 
El apetito no es hambre 
y moverse no es bailar. 

Desembala la memoria 
que no hay cosa que no sirva. 
Te va a servir lo amarrado 
y lo que anda la deriva. 

¿Por qué no llorar un poco 
vos que vas a bailando tanto? 
Llora bien abrí los ojos 
y después seguí bailando.

Gabo Ferro.-

sábado, 27 de abril de 2013

Dentre


"Nadie ha podido saber, ni se sabrá jamás, en qué momento de la noche un alma cede y se allana el tránsito. Eso no lo han podido averiguar ni los más ilustres llevadores de almas."

J. J. Manauta, El llevador de almas

       

     Fue saber de su muerte y buscar de inmediato aquella cita. Siempre digo, cuando hablo con docentes sobre los talleres en las bibliotecas de las escuelas, que con el libro nos tiene que suceder algo importante: Poder hacer el camino de ida y vuelta. Y fue así. Súbitamente volví, ayer por la mañana, a aquel cuento.
            En El llevador de almas, se nos cuenta la historia de Jacobino Almarza quien ha venido a llevarse el alma de Farello. En ese párrafo que está arriba de esta nota, allí, se resume con maestría el momento de la noche en que el alma de Farello pasó de la tumba a la bolsa de Jacobino.
            Como lectores, no podíamos hayar otras palabras para dar sentido último a la muerte en la madrugada de Juan José Manauta. Este 24 de abril,  –¿en qué momento de la noche?-, murió a sus 94 años en el Sanatorio Colegiales de Buenos Aires donde vivía hace tiempo. Ha sido velado en la Biblioteca Nacional y sus cenizas serán esparcidas en el río Gualeguay.
            Yo solo quiero escribir para decir unas pocas cosas.  No voy a nombrar sus libros de cuentos ni sus reconocimientos. Creo que eso se puede googlear fácil. Quiero sólo contar mi experiencia de lectura con Manauta.
            Lo primero que me parece importante decir es que no me encontré con Manauta en la escuela. En realidad, no leí jamás un autor entrerriano en la secundaria. Sus Cuentos completos editados por la UNER en 2006 –y que pronto serán reeditados- cayeron a mis manos, como su nombre, por casualidad. Llegaron en un momento de mi vida como lector que aún  no ha acabado. Desde que me encontré con Manauta, Mastronardi, Juanele, Calveyra, Zelarayan, he sentido un vértigo que ha hecho en que todo este tiempo no pueda detener su lectura. La razón de mi fascinación es básica: Yo no sabía que era entrerriano hasta que me lo contaron. Jamás me he sentido tan entrerriano como en estas lecturas. Y en ese proceso la lectura este gualeyo ha sido de capital importancia. No puedo entonces hacer menos que preguntar, ¿por qué me, nos, lo escondieron? No sólo a él, sino a tantos. Por qué ese ocultamiento.
            Quizás llamar a la generación de Manauta -aquella mítica gente que fue joven, genial y amiga al mismo tiempo- Generación dorada sea dejarnos caer en una trampa. Porque con ese rótulo de dorado hemos cerrado su lectura. ¿Cómo vamos a hacer que los chicos puedan entrar a Manauta hoy? Es necesario volver a abrir sus cuentos, sus novelas. Es necesario, urgente diría, que todos los entrerrianos podamos imaginarnos que hay pasando Nogoyá, al Sur…
            Porque quienes lo hemos leído volvemos con la mirada cambiada. Yo tengo 19 años. Y jamás supe querer la ciudad en que nació mi abuela, Gualeguay, hasta que leí los Cuentos para Doña Dolorida de Manauta del ’61. Entonces le preguntaba a mi abuela, libro en mano, si sé acordaba cómo era ese lugar, si ese apellido era inventado…Para mí, que fui pocas veces a Gualeguay, esa ciudad no existe sino que ha sido construida de nuevo. Y esa es la clave, yo jamás sentí nada especial por esta provincia hasta que no me encontré con esos libros. Yo no quería a Entre Ríos, tenía una relación indiferente con la tierra en que nací. Y sólo la lectura pudo hacerme ver otra cosa. Eso es clave, es importante, me parece.  
            ¿Mis profesoras de literatura, mis padres, mi abuela, leyeron a Manauta?
            Por eso quería escribir, ahora que Manauta ha muerto y tenemos oportunidad pública de hablar de él y de su obra.  Podrían decirse muchas cosas sobre su obra, sobre su cosmovisión del mundo. Pero yo soy mediador de lectura. Es decir que mi oficio artesanal es construir puentes entre personas –a veces chiquitas, a veces grandes- y libros. Por eso no puedo hablar más que desde ese lugar.
En la UNER van a  editar más adelante un libro de poemas de Manauta del ’44 y sus Cuentos de nuevo. En el sitio web Autores de Concordia está subida “Las tierras blancas”. Ambos libros, sus cuentos y esta novela, están en la Biblioteca Popular de la ciudad. Dentre, como dice Manauta al comienzo de sus cuentos. Dentre. Ese gesto, ese abrir la puerta, es lo que tenemos que multiplicar. Nada de discursos. Antes que eso, abramos la puerta. 

Kevin Jones,
para Rio Bravo

miércoles, 17 de abril de 2013

La alegría como trinchera


Dos experiencias de resistencia aúnan a Paraná y Santa Fe. La defensa del Centro Cultural Gloria Montoya y del Centro Cultural y Social El Birri, muestran a comunidades no dispuestas a perder otro espacio cultural más.

Entre colores y alegrías, de ambos lados del río, se repite la misma pregunta: ¿De qué hablamos cuando hablamos de cultura popular? El año 2013 comienza marcándose por este interrogante, tan necesario. Tanto en Paraná como en Santa Fe la resistencia a ceder los espacios de la cultura popular, evidencian un debate urgente.  Hay un poema de Benedetti que dice: “defender la alegría como una trinchera / defenderla del escandalo y la rutina”. Y en estas resistencias sí que viene al caso. En esta nota, algunas voces desde ambos puntos de defensa de la cultura.

Instrucciones para defender un Centro Cultural en Paraná
            No es noticia que sorprenda la falta de espacios para la cultura en Paraná. Sin ir más lejos, en Barriletes se plantea esto (Espacio Barri Cultural responde a esta necesidad). Así como el surgimiento de muchos proyectos y lugares alternativos tratando de dar una respuesta, un espacio, a las bandas, el arte plástico y la poesía (por dar algunos ejemplos) que esta ciudad crea y recrea.

            Sin embargo, esta actividad militante en pos de la cultura local no está exenta de una fuerte crítica hacia un estado que se ausenta y no apoya estas expresiones con una política cultura completa, diversa y horizontal.
            Entonces, entendemos que el Gloria Montoya es uno de los pocos espacios culturales de la ciudad. Y está en peligro. Bajo el nombre de la reconocida artista plástica, allí con el esfuerzo de artistas locales se instauró una escuela de circo para niños, jóvenes y adultos. Y allí también se da lugar a las expresiones de esta ciudad. 
            Sin datos justos, se comenzó a hablar desde fines del año pasado de la creación de un centro de convenciones en el actual Gloria Montoya. Un centro de convenciones que estaría administrado por el centro de hoteleros.  Desde entonces, la creación de una Asamblea Autoconvocada por el Derecho a la cultura fue exponiendo el tema al público en general. “A partir de diciembre comenzamos a ver noticias en todos los medios con respecto al centro de convenciones. Nos empezamos a preocupar y la asamblea fue tomando forma”, cuenta Diana Faggionato sobre los primeros pasos. Sería en ese principio cuando la asamblea presentara una nota dirigida a la intendenta de la ciudad Blanca Osuna. Aún se espera su respuesta. “Queremos explicaciones. Todos se contradicen”, afirma Diana. Desde entonces el principio guía fue la consigna: No al Centro de Convenciones, Sí al Centro Cultural.
            El municipio mientras tanto sigue sin sentarse a dialogar. Así me lo señala Sergio, uno de los organizadores de la Feria americana que esta tarde nos congrega frente al Gloria Montoya: “La idea no se ha discutido en ningún ámbito. No solo en el de la gente que está dentro del centro cultural. Sino que en la comunidad no se ha llamado a nadie para conversarlo. A nadie, no solamente dentro de la cultura.” 
            Hay una insistencia en negar el derecho a la cultura. En una ciudad que, repetiremos hasta el cansancio, está llena de riqueza artística pero falta de espacios.  “Paraná ya tiene un problema con la cultura. Ya está en un momento critico.”, me comenta Sergio. “La ciudad tiene básicamente tres salas: El teatro, el Juanele y esta. Obviamente que si se pierde esta, ya será mayor la presión sobre las demás.”
            La Asamblea por su parte ha convocado a varios Festivales en defensa de la cultura que, realizados a la vera del Gloria Montoya, hacen concreta la decisión de defender este espacio.  La alegría como forma de resistencia: “Estos festivales han tenido una concurrencia importante de gente. La idea es que haya más información y no tanta desinformación. Evidentemente, se va acercando gente.”  Todos los pasos de la Asamblea son informados por medio de su blog: www.asambleaporelderechoalacultura.blogspot.com.ar

Delincuentes de la cultura del otro lado del río
Como escribe Juan Manuel Berlanga: “Gran parte de los santafesinos ni siquiera sabe qué es ‘El Birri’. Mucho menos conoce a quienes trabajan allí. Y, por supuesto, también desconoce qué es lo que allí ocurre. Una sociedad indiferente, cínica y olvidadiza carece de los elementos básicos para comprender lo que allí ha ocurrido este viernes 15 de febrero.” Y lo que ocurrió este 15 de febrero fue el ingreso, bajo la existencia de una orden de desalojo amparada por el poder municipal, de la policía en el Centro Cultural y Social El Birri.
El Birri, está ubicado sobre la Avenida Gral. Lopez de la ciudad de Santa Fe. Su historia se remonta a la época en que el cineasta santafesino y de reconocimiento mundial Fernando Birri realizó allí su documental Tire Dié. El film fue realizado en la vieja estación Mitre, abandonada. De allí que el lugar comenzara a poblarse de magia, la suficiente para que en pleno 2001, el lugar cobrase la impronta de Centro Social y Cultural autogestionado, horizontal y diverso que tiene hoy en día el Birri. Por enumerar algunas de las actividades que allí se hace, podemos mencionar la Birrilata, sus talleres de teatro, la producción de editoriales artesanales, revistas y numerosos encuentros que allí tienen lugar. Además de ser un espacio donde uno puede ir, y batir la suya, al decir de quienes allí militan el andar cotidiano de la estación.        
Como señala Lalo Liberatore, trabajador cultural del Birri, la existencia debe ser en convivencia con el municipio. Por ello, el comodato con el municipio santafesino es una pieza clave para que el Birri siga llevando a cabo su tarea. La conflictiva relación entre la gestión municipal de Corral y el Centro tuvo su punto máximo el pasado mes de febrero.
El Periodico Pausa siguió los sucesos. Como informa en su perfil de Facebook: “En la acción estuvieron implicados efectivos de la policía provincial, agentes de seguridad sin identificación de la Municipalidad y funcionarios, como el subsecretario de Prevención y Seguridad Ciudadana de la Municipalidad, Sebastián Montenotte”. Sin embargo, el desalojo fue detenido al mediodía gracias a la defensa popular de los vecinos y distintas organizaciones. Durante los momentos de desalojo se produjeron diversos destrozos dentro de la estación.
            El argumento esgrimido por parte del gobierno municipal es la Puesta en valor. La profesora Adriana Falchini es encarga en pocas palabras de deconstruir este argumento eufemístico: “¿Seremos capaces en la ciudad de entender que 'puesta en valor' nada tiene que ver con el patrimonio?, término venido de la mercantilización de la memoria. Ese término alude a pensar los edificios como paredes y no como construcciones culturales. Los edificios no son sólo paredes, están HABITADOS, tienen historia humana.” Como esgrime Falchini, la responsabilidad del Estado debe existir, pero reconociendo como interlocutor legitimo a lo que ya existe. Como señala, “No se puede hacer DESAPARECER (tapiando, llevando presos, criminalizando groseramente, destruyendo). Cuando se ostenta poder económico, fuerza de represión y avasallamiento, dominio de los medios masivos de comunicación, criminalización e injurias se ejerce ABUSO DE PODER. ABUSO DE AUTORIDAD. Y eso sí que es grave. “
El Birri, se ubica como señala Lalo “al borde de la ciudad. Porque el  borde empieza de Avenida Freyre hacia acá. Esta marginalidad se traduce en una invisibilización de la problemática por parte de los generadores de opinión de la ciudad. Ante esto, se decidió informar en todo momento a través de Comunicados de prensa que fueron surgiendo de los plenarios (Los mismos pueden leerse en el sitio www.elbirrilucha.wordpress.com) El plenario es el espacio natural de gestión en el Birri. Sin embargo, a la hora de tomar las decisiones a seguir luego de este intento de desalojo el Plenario pasó a ser más contundente en su cantidad de asistentes. Y pronto se constituyó una Multisectorial en apoyo al Birri. Como me dice Lalo: “La sociedad santafesina ha demostrado que puede unirse ante las cuestiones emergentes. Gente que difícilmente pueda llegarse a encontrar en otros aspectos, estaba acá laburando hombro a hombro para una resistencia.” En este punto hay una memoria corporal de la inundación sufrida por este mismo sector en 2003 y 2007. Los inundados saben que ante la emergencia es necesario amucharse, unirse y tomar decisiones en conjunto. Y, además, los inundados saben muy bien qué cosas pueden esperar del poder político santafesino.
Finalmente, la alegría está presente. Las marchas realizadas hacia el Municipio y el Ministerio de seguridad demuestran una respuesta alegre –no podía ser de otro modo.




En ambos casos, está jugando a favor la democratización de la información –sin Ley de medios mediante sino a través de nuestra propia insistencia en nuestros perfiles de Facebook-. También se repite en ambos casos los municipios no aceptan a quienes habitan estos espacios culturales como interlocutores válidos. Sino que insiste en tomar decisiones verticalistas. Y, lamentablemente, hay un rivalidad evidente entre una cultura oficial que se trata de imponer o validar, y una cultura popular que trata de ser invisibilizada. Así actúa Corral en Santa Fe. Así actúa Osuna acá. Así hace Macri con la Sala Alberdi. Y así uno se da cuenta que las diferencias ideológicas en torno al concepto de cultural, finalmente, no son tales.
En fin, esta nota está hecha para invitar a ser parte de estas resistencias. No termina de dar el panorama total de estas acciones. Pero sí es una toma de nota: Acá están estos fuegos, acá insistimos en esto. Y, a propósito de esto, uno se podría preguntar ¿por qué surge la resistencia como hecho político? Quizás la única respuesta sea que estos espacios,  que hoy nos ocupan a quienes tratamos de vivir una agenda política, social y cultural comprometida con la realidad, que nos convocan a quienes tenemos la ocasión de transitar espacios tan bellos como Barriletes, estos espacios han nacido resistiendo e insistiendo. El intento de desalojo, los planes de creación de un centro de convenciones, esa persistencia tenebrosa en hacer desaparecer, tapar, ocultar, olvidar las legítimas expresiones de la cultura popular solo ponen en el tapete una resistencia que cotidianamente se da. En el fondo, en estos espacios se da una resistencia cotidiana a una forma de vida, a una lectura del mundo con la que no estamos de acuerdo. Y por eso acá seguimos persistiendo, insistiendo, resistiendo. 


Kevin Jones
para Barriletes Abril 2013