domingo, 28 de julio de 2013

Una Memoria del Tercer Encuentro de Educación Popular / Paraná, 27 de julio de 2013

Lo que escribo a continuación intenta ser una “memoria” de la palabra que circuló ayer por la ronda del Encuentro. Pero, para ser honesto, no es más que un apunte de lo sucedido. En el día de ayer, nuevamente nos encontramos formando una red de afinidad político-afectiva junto a otros. Y ese encuentro, construido desde los márgenes, se dio de muchas maneras. En las miradas, los abrazos, la complicidad de este Equipo que se comienza a constituir, las palabras dichas y las escritas. Por lo que esta, la palabra escrita, no es más que una de las formas del encuentro que ayer vivimos. Y, por ello, no alcanza para decirlo del todo.
Pese a esto, lo escribo, agregando algunas reflexiones, agregando intuiciones más o menos criticas sobre las intervenciones de ayer. Me parece en esto muy bueno recordar unas palabras de Freire, que están al comienzo de un libro hermoso llamado Cartas a quien pretende enseñar y es de 1993: “Ahora mismo, en el momento exacto en que escribo sobre esto, pensar, hacer, escribir, leer, pensamiento, lenguaje, realidad experimento la solidaridad entre estos diversos momentos, la total imposibilidad de separarlos, de dicotomizarlos. (…) al pensar guardo en mi cuerpo consciente y hablante la posibilidad de escribir, de la misma manera en que al escribir continúo pensando y repensando tanto lo que se está pensando como lo ya pensado.”
Ofrezco esto al Equipo y a todos como acto de sinceridad, de honesta forma de decir lo que vi ayer y cómo lo sentí. Esta es solo una memoria más entre tantas otras posibles.




  Al Encuentro asistimos gran parte del Equipo coordinador, gente de la Tribu del Salto, personas de la Biblioteca Caminantes, y docentes de María Grande y Paraná que están realizando la Licenciatura en Educación Primaria de UNER junto a otras personas cercanas por distintos motivos a la Educación.
Como en otras ocasiones, la ronda se constituyó a partir de las presentaciones. Darío nos situó en el espacio físico y simbólico en el que nos encontrábamos, problematizando nuestra presencia allí. Continúo presentando al Equipo, y procedimos cada uno a presentarnos. Durante esa primer presentación Juan Manuel habló de su nacimiento en Barriletes. Dejando abierta en nosotros la pregunta por nuestros nacimientos en el mundo: ¿Desde cuándo somos esto?
Después se comenzó con la ronda de presentaciones. Durante la misma comenzó un debate luego de la presentación de Irma, quien manifestó su interés por la Educación Popular como madre. Manifestó como su hijo mayor fue al jardín con una luz que no tuvo al regresar. Señalando como, al momento de tener su hija más chicas, buscó una Escuela que quizás no existía, y terminó dando con La Cecilia (Monte Vera. Santa Fe). Realizó una reflexión critica sobre esa experiencia, señalando las contradicciones entre la estructura de la escuela y su discurso/didáctica. A su vez, se problematizó el rol que esta escuela tiene en el film documental La educación prohibida.
Hago aquí un paréntesis. En aquel momento yo apunté en mi cuaderno, y aprovecho a apuntarlo aquí, cómo pensar la Educación Popular desde el lugar de madre, como Irma lo hacia, nos lleva a la pregunta por la infancia. Educación e Infancia se configuran juntas. Al respecto, Graciela Montes señala que la Infancia en tanto que territorio de la vida lo hemos construido social y políticamente. Y ejemplifica cómo funcionaba esa construcción en una comunidad originaria patagónica. Lo cual la lleva a pensar a la crianza como el pasaje del sentido de la vida de unos a otros. Y se pregunta ¿qué sentido tiene la Infancia en medio del capitalismo cuando no tenemos ningún sentido de la vida que pasar, exceptuando el consumo? Que defendamos la existencia de la Infancia implicaría entonces construir un sentido de la vida que legarle. Esto es, dar sentido social y político al mundo.
Más adelante en la ronda, Gloria se refirió a la Educación Popular como camino alternativo. Habló de los límites de las propuestas que se pueden hacer dentro de las instituciones. También refirió que fue desde la práctica universitaria que se sintió movida a participar del espacio. Grillo y Juan hablaron desde preguntas. Uno por cómo se le enseña a leer y escribir a una personas; y el otro desde lo extraño que resulta que los humanos deleguemos el rol de educadores a extraños.  Luego, posicionándose claramente, habló de la enseñanza de la escolarización del 12 de octubre, señalando que ello evidenciaba la posición política de quienes me quisieron escolarizar.
Hacia lo último de esta ronda se habló de la necesidad de abrir ventanas, dar lugar a lo que deviene y la esperanza desde esto que vemos y sentimos.

Se comenzó luego con una dinámica de reconocimiento del espacio y de conocimiento entre nosotros. Primero, nos saludamos con leves gestos iniciados en la mirada, y luego tocándonos el tobillo. Sin quitar el movimiento de esta dinámica, se pidió pensar un momento educativo. Ante la necesidad de pensar “un momento” algunos consultaron si debía ser negativo o positivo, dentro de la escuela o no. No se dio ninguna otra precisión. A partir del dibujo que se hizo de esos momentos, nos agrupamos en tres grupos. Los grupos se titularon a sí mismos: Escuela, Signos y Cuadrados. A cada grupo se lo invitó a reflexionar sobre sus dibujos y pensar a partir de esas reflexiones qué escuela tenemos y qué escuela queremos.
Presentados en cada grupo los momentos que se dibujaron y una vez comenzado el debate en torno a ellos, Darío pasó por cada grupo dejando la Carta abierta sobre Educación Popular. La Carta fue leída en algunos grupos, en otros no, en otros por partes. Se consignó realizando una representación de la escuela que tenemos y la escuela que queremos, como forma de comunicar/mostrar a los demás grupos parte de ese debate. Quedó un registro audiovisual de las tres representaciones.
Una vez realizadas las representaciones, subimos arriba al Plenario a partir de ellas. Se leyó la Carta, pero con una lectura interrumpida a la medida que cada uno quería acotar algo. De este modo, la carta se estuvo moviendo y reescribiendo en la ronda.Y es aquí donde más necesito de los apuntes de los otros. Porque en el Plenario se suscitaron diversos e intensos debates en torno a algunas preguntas de lo que apenas pude registrar las siguientes cosas:
-Desde el Grupo de los cuadrados se comenzó hablando de la imagen negativa de la Educación bancaria, expresando la seguridad de que es eso lo que no queremos. A partir de allí se señalaron falencias de la Educación bancaria:
 –Existe una contradicción en la Educación bancaria entre la palabra (Clase-Didáctica) y la acción. (Me parece acotable aquí lo que Freire señala en Pedagogía del oprimido: La palabra verdad no puede ser disociada de la praxis. Por tanto decir la palabra verdadera implica transformar el mundo.) Consuelo señaló la contradicción en clases donde se hablaba de hacer la revolución con los estudiantes sentados obedeciendo: Las clases de pedagogía como no-pedagogica. Lo cual, acoto, nos lleva al problema de cómo enseñar/problematizar/mostrar Educación Popular sin caer en una pedagogía bancaria. La contradicción, se indicó, está hecha carne en estudiantes y docentes: Nosotros mismos como parte de esto, nosotros como primer sujeto a transformar.
-Las estructuras y las instituciones. La Educación bancaria es una educación institucionalizada. El poder dogmático de las estructuras.

Y a partir de esto, se vieron nuestras necesidad y modos de acción:
--La resignificación de las practicas/la escuela/¿las estructuras?/la educación como necesidad constante.
-Problematizar el concepto de Pueblo en Educación Popular. Y el de Libertad en la Educación para la libertad. ¿Desde qué parámetros pensamos la libertad? Aquí desde la Tribu se señaló el de Sano e Insano, por ejemplo.
-Criticar y desarticular los discursos de inclusión, en tanto y en cuanto esa inclusión sea al mismo sistema hegemónico.
-Visualizar claramente los fines de la Educación bancaria.

Y desde este último punto, pudimos discutir muchas preguntas. ¿Nos oponemos a un sistema o a una clase? ¿El capitalista es libre? ¿Es posible la libertad en micro espacios dentro del Capitalismo?
Desde esas preguntas nos expresamos en torno a las formas de dominación. Darío señaló las Dominaciones físicas y persuasivas. Más adelante me pareció bien aportar que el Capitalismo genera una Dominación biológica también sobre los cuerpos.
Desde esas preguntas y algunas afirmaciones, saco una pequeña conclusión personal que es movible  y, repito, personal. Aunque eso de personal, tómenlo entre comillas, porque no creo mucho en la subjetividad individual. Creo que estamos hechos de la voz de otros, siempre, para bien y para mal.
Como señaló el Faca, no debemos desplazar el pensamiento de la Revolución a un tiempo futuro. La Revolución, en todo caso, es un proceso que nos sucede en el ahora: ¿Qué está pasando en la Toma Vieja, en el Birri o en la Tribu del Salto sino? Esto me recuerda a cómo Freire entendía la liberación como un proceso. Cuya culminación debía implicar la libertad de opresores y oprimidos. Creo que ninguno de nosotros es ingenuo, y sabemos que existe un sistema. Nos hemos tomado el trabajo de ponerle un nombre y caracterizarlos para conocerlo mejor, para saber horadarlo mejor. Y también sabemos, como dijo Haydee, que la educación es el campo de batalla clave. La Escuela es el lugar donde el Capitalismo más se reproduce. Y ene se contexto, pensar la Escuela, y más allá de la Escuela pensar la Educación, significa atacar las bases mismas del Capitalismo como sistema. En ese sentido, creo que vamos bien. No creo que vayamos bien cuando nos configuramos de odio hacia supuestos enemigos. En todo caso, pienso como alguien que ayer dijo que debemos buscar la manera de incluir a ese otro, que tantas veces vemos como enemigo, dentro de este mundo que estamos construyendo. Me gusta pensar eso porque evidencia toda nuestra praxis como construcción, y porque implica un pensamiento que supera la lógica misma del Capitalismo.
El plenario se cerró con un abrazo. Gesto que decía, a su manera, lo que antes se había dicho: Juntos todo, solos nada. Porque es verdad que tratar de construir otros mundos en este mundo complicado -se habló de llanto, de angustia, de lo difícil de la coherencia-  pero juntos se nos va un poco el miedo, juntos podemos pensar un poco más y mejor.
En fin, creo que no es casual pensar así. Creo que tiene que ver con nuestras prácticas. Como Melania señaló en nuestra reunión, yo no puedo estar con los chicos y emponderarlos en contra de alguien. Las palabras, lugar en que elijo situarme cotidianamente, parecieran poca cosa para hacer algo ante tanta angustia. Sin embargo, al menos por hoy, quiero decir desde allí, junto a Graciela Cabal: “Que la solución es social y política, ya lo sabemos todos. Pero también sabemos, porque nos lo contaron nuestras abuelas cuando éramos chicos –y las abuelas nunca mienten- que los mosquitos son capaces de ganarles a los leones, que los conejos se burlan de los lobos, que los pobres campesinos engatusan gigantes y que los tontos, retontos, requetetontos nos guiñan un ojo mientras se quedan con la más hermosa de las princesas”
Kevin Jones / Equipo Coordinador

jueves, 20 de junio de 2013

Poner el cuerpo

La poética orticiana puede ser recorrida desde muchos lugares. Sin embargo, creo que la publicación de El junco y la corriente por las correspondientes editoriales de UNER y UNL amerita abrir paso a preguntas urgentes y necesarias. Por ello, aviso, voy a escribir una reseña a contrapelo.
En estas semanas, salió a la luz el tercer volumen de la Colección El país del sauce. Una colección dirigida por Sergio Delgado, y en la cual anteriormente se ha publicado Viaje a Misiones de Eduardo Holmberg y la Obra poética de Daniel Elías. Estos significativos aportes son producto de un auspicioso proyecto editorial conjunto de las universidades litoraleñas. La colección –nos informa cada tomo- “tiene como motivo la región que trazan los valles de los ríos Paraná y Uruguay, pero tienta en realidad un espacio más bien impreciso, menos geográfico que imaginario”.  Y es curioso, porque aquel texto de la solapa de cada tomo de la colección culmina hablando de una protección y cuidado del texto que nos involucra a todos.
Y es desde este lugar desde el que elijo leer esta noticia. Y nosotros, ¿qué vamos a hacer con El junco y la corriente? El libro, que es publicado este año por primera vez de forma aislada, formó parte constitutiva desde un comienzo del único libro orticiano: En el aura del sauce. Por tanto, tratar de recuperar la voz, de volver a poner en escena, esta pieza, esta nota de la gran maquinaria que la obra pone en juego, implica volver a preguntarnos por toda la obra de Juanele.

Mis contactos más fuertes con las escenas de lectura se dan en el cara a cara que implican los Talleres y los Grupos de lectura por los que elijo transitar. Hace unas semanas, un amigo me decía en uno de estos grupos que cuando era chico pensaba en Juanele como una figura mítica. Una leyenda, contada por su abuelo, que le hacia imaginar un hombre al borde del río.  Me quedé pensando en ello. Y en algo que Adolfo Golz me comentó hace tiempo a propósito de Juanele. Él me decía que a todo mundo le gusta hablar del celebre escritor entrerriano, pero ¿se lo ha leído? Estas dos aristas sobre la figura de Juanele que, obviamente, ha trascendido sus libros para pasar a ocupar un lugar en el imaginario me hacen pensar en las ‘lecturas turisticas’ que hemos hecho de Juanele.  
Habría entonces una cierta predisposición a entrar en las obras de Ortiz como turista. Es decir, como aquel que entra para ver algo que sabe está allí. ¿Y si allí no está eso? La visita turística impide, clausura, la experiencia. Del mismo modo, entrar a Juanele bajo los estereotipos de querer ver un paisaje descripto allí nos hace, efectivamente, llevarnos esa fotografía de su poesía. Entonces, clausuramos una lectura. Es decir, censuramos. Censuramos la experiencia poética misma que el texto nos propone. Si pasáramos de ver una descripción del paisaje en el poema, para ver cómo en verdad el paisaje es, en todo caso, construido desde el poema, habremos logrado abrir la lectura nuevamente. Puesto que, si lo que hay en el poema es paisaje y nada más, ¿para qué leer? Evidentemente, la poesía tiene que hacer algo. Preocupantemente, hay una fuerte negación a leer este hacer de la poesía. Es decir, una negación a poner nuestro cuerpo para que eso suceda.
Pensar esto me lleva a dos cosas. Por un lado a plantear una serie de preguntas hacia afuera del texto. ¿Qué vamos a hacer nosotros? ¿Vamos a leer Juanele en las aulas? ¿Cómo? ¿Se puede leer El Gualeguay –poema extensísimo y monumental? ¿Lo podemos leer en la secundaria?¿Nos formaron, nos están formando para hacerlo? ¿Las escuelas van a tener los setenta y cinco pesos que sale el libro para comprarlo? ¿Las bibliotecarias lo querrán en sus bibliotecas? En el fondo, la pregunta es la misma, ¿qué se hace con la poesía?

Estas preguntas, que quiero dejar abiertas aquí, me llevan a otro punto. Toda poética, escribió ya Laura Devetach, implica un ser y estar en poesía. Entender la poesía como un territorio en el cuál somos. Así estar ‘en el aura del Sauce’ implica un presente y una presencia, un cuerpo puesto en ese lugar. Y a esto quiero llegar: Leer a Juanele es una decisión política. Una decisión que debemos asumir. Y como toda acción política implica poner el cuerpo. Robar nuestro cuerpo y ponerlo como cuerpo en fuga, fuera del mundo, como lo es todo cuerpo que lee. Volver a abrirnos a la experiencia poética. Volver a colocar nuestro cuerpo en la lectura. La edición de este libro nos permite esa ocasión.  Porque eso sentí cuando leía hoy a la tarde los poemas de El junco y la corriente en una de las plazas de esta –y justamente de esta- ciudad: La lectura como forma de conquista de un territorio inasible, de una intimidad; como conquista de una subjetividad siempre perdida y vuelta a recuperar. Una canción de Gabo Ferro dice que no somos nada, nada más que nuestra mirada. Cambiar nuestra mirada, mirar con atención, detenernos a mirar, implica la más intima lucha, la más contundente rebelión sobre nuestro cuerpo.  
para Río Bravo
Junio 2013

Decir el mundo

Quiero compartir una anécdota que encontré por ahí. Es de Freire. El cuenta que durante el proceso de alfabetización de adultos en Santo Tomé y Principe en los años ’70, visitó un circulo de cultura (tal el nombre de los círculos en donde se comenzaba este proceso de alfabetización para la liberación) en una comunidad pesquera llamada Monte Mário. Había en el círculo de cultura una palabra, el nombre de un pez, y un dibujo (codificación) de la comunidad. Los pescadores miraban en silencio el dibujo y la palabra. Hasta que de repente cuatro de ellos se levantaron y miraron el dibujo y el pueblo, el dibujo en la pared, el pueblo en la ventana. Dice Freire, “Miraron el mundo afuera. Se miraron entre ellos, ojos vivos, casi sorprendidos, y mirando una vez más la codificación, dijeron: ‘Es Monte Mário. Monte Mário es así y no lo sabíamos.’ A través de la codificación, aquellos cuatro participantes del circulo ‘tomaban distancia’ de su mundo y lo reconocían.”
Desde esa anécdota quiero hablar hoy. Pero no desde ese recuerdo solo. Sino también desde las palabras que Soledad Deu, tallerista de esta casa, escribía preguntándose por el para qué de la acciones que tratamos de llevar adelante detrás de este papel. Porque Barriletes siempre ha tenido eso: Hay algo detrás del papel. Hay acciones, hay una praxis constante detrás de este papel que va de la oportunidad, del dinero, que queda para quien vende esta revista hasta la creación de una Comunicación comunitaria realmente democrática. Así cada reflexión ha sido acompañada de la acción. Y esto es así por la simple razón de que seríamos unos incoherentes, demagogos y algo bastante hijos de puta de no hacerlo así.
En ese marco, entre estas dos puntas, los Talleres que lleva adelante Barriletes este año son parte de esa acción reflexiva que busca transformar la realidad. Una acción en la que creemos.  Son los mecanismos de Educación Popular que intentamos llevar adelante, en este caso, con los niños de Villa Mabel. Y nuestras preguntas surgen desde ese lugar.
Será desde esos lugares, desde las que escribiré hoy.




¿Por qué insistir con las palabras?
            La primera vez que escuché el nombre de Paulo Freire fue en el galpón de Barri. Fue hace unos años. La Comunicadora Social que estaba coordinando el encuentro, suspiró, bajó los brazos y dijo en un momento deteniendo su discurso: Un pedagogo brasileño, Paulo Freire, dice que decir la palabra verdadera es transformar el mundo. Me maravilló. Aquella unión entre el decir y el hacer, entre la palabra y el mundo, me maravilló. Y solo porque la vida es caprichosa, puedo entender el hecho de que sería años después, estas semanas, en Barriletes nuevamente, donde encontrara el sentido más hondo de aquella frase.
En Abril de este año, la Biblioteca Esos otros mundos de la Asociación Civil Barriletes comenzó a implementar un proyecto de mediación de lectura denominado ‘La casa de las palabras’.
Este proyecto fue elaborado por los participantes del Taller de Mediación de Lectura que se realizó en la institución en Octubre y Noviembre del año pasado. En dicho taller, se recorrió a través de ocho encuentros los planteos teóricos de Michèle Petit, Graciela Montes y Laura Devetach. Estos ‘planteos teóricos’ no nacieron en el vacío, sino que están en relación intima con la práctica. En este sentido, para acercarnos a esta palabra verdadera, se pensó una instancia de praxis que fue llevada a cabo de forma promisoria: Se realizaron encuentros de lectura en la ‘Casa del Adolescente’ de Rafaela (Santa Fe) y en el Barrio La Boca, de la ciudad de Santa Fe.
Con este pequeño recorrido es que se comienza este año, y a esas inquietudes responde este proyecto. Su pregunta de base consiste en qué tipo de Biblioteca pensamos. Es así que, entendiendo, junto a Graciela Montes, a las Bibliotecas como espacios dinámicos que deben provocar ‘ocasión de lectura’, planteamos movimientos hacia adentro y hacia afuera de la Biblioteca.
Hacia adentro de la Biblioteca, y por lo tanto de Barriletes como institución, la Biblioteca se suma al trabajo que la institución viene realizando desde 2012 en Villa Mabel. Se realiza así un Taller semanal junto a los niños con que se venía trabajando tiempo atrás.  Hacia afuera de la Biblioteca, se realizan visitas mensuales a la Escuela Primaria N° 1 de TC Dr Cesar Blas Pérez Colman (Dentro del complejo Escuela Hogar). Este Taller mensual se encuentra incluido dentro de la programación curricular docente, y sienta por lo tanto un precedente de trabajo compartido entre la institución y la escuela. En los encuentros se espera trabajar la lecto-escritura, privilegiando y volviendo a poner en escena el espacio de la Biblioteca escolar.
Estas pequeñas acciones, comprenden lo que entendemos como Mediación de lectura: La Biblioteca de Barriletes no tiene sentido si no se constituye como un espacio de Mediación, es decir de encuentro con la palabra, de ocasión de la palabra. Y es dentro de este proyecto que nos preguntamos por qué las palabras.
¿Qué pueden hacer las palabras ante la marginación, la exclusión, la desidia estatal y humana que un barrio paranaense como Villa Mabel presenta? ¿Qué tiene para decir la Literatura en la primaria de la Escuela Hogar, donde una docente hace lo imposible para que la misma acción educativa se justifique ante las problemáticas sociales que atraviesan la escuela? Es desafiante creer que la Literatura puede hacer algo. Y así lo creemos.
Y en eso radica la decisión política barriletera. Como institución, no creemos en el asistencialismo. Lo que es decir que creemos en el emponderamiento de los sujetos.  Lo cual significa emprender la larga tarea del reconocimiento de los Derechos, la constitución de la subjetividad y la participación social. Y en el caso particular del proyecto que estamos llevando adelante como Biblioteca, esto es: Entender la poesía como un derecho humano; reconocer a la literatura como elemento esencial en la construcción de la subjetividad humana y buscar la forma de enunciar la palabra verdadera.



Leer y escribir con niños de Villa Mabel
Podríamos decir que, los niños con los que trabajamos en Barriletes no saben leer y escribir en la mayoría de los casos.  Pero no, elegimos entender que los niños saben leer el mundo. Y que es desde esa lectura del mundo desde la cual tiene sentido leer la palabra.
Freire cuenta que él leía cuando era niño. Leía sin saber leer. Escribía sin saber escribir. “Las letras, las palabras de aquel contexto [mi mundo] se encarnaban en el canto de los pájaros”, cuenta. Y así él leía en “la danza de la copa de los árboles sopladas por fuertes vientos que anunciaban tempestades, truenos, relámpagos”. En “las aguas de la lluvia jugando a la geografía, inventando lagos, islas, ríos, arroyos”. Así, el silbo del viento, las nubes del cielo, los colores del follaje, el aroma de las flores, la cáscara de las frutas, todo estaba dispuesto a ser leído. Porque cuando vamos a la escuela nos mienten. Y nos dicen que ahí aprendemos a leer, que ahí aprendemos a escribir. Sin embargo, hay una lectura del mundo que es anterior a la palabra.
Desde esa lectura del mundo trabajamos. Sabiendo que el acceso a la palabra debe suceder. Pero que no tiene sentido si lo hacemos desde el mecanicismo. ¿Para qué queremos decir la palabra? Y esto es lo que estaba claro en Freire, y debe estar claro en nosotros: Debemos decir la palabra para transformar un mundo que está siendo. Para aceptar que entre el tiempo y nosotros, entre el mundo y nosotros, se interpone el viento. Y cuando el viento pasa por nuestra garganta, decimos la palabra.  Y hasta acá llego. Porque escribí todo esto para poder decir que los pequeños textos que siguen han sido creados, lanzados al aire, oídos, grabados, tomados, robados en el Taller de Barriletes y pertenecen a niños que están diciendo el mundo.



-Sin titulo-

Vaca Alicia está comiendo pasto. Viene un tigre y la molesta.
-Yo estaba tranquila, dijo la vaca, con una dulce sonrisa. Voy a correr lo más rápido que pueda, así no me alcanza.
Después se puso tan feliz porque se había escapado. El león no la molesto más y ella comió hasta que se durmió.
Franco y Antonela


El padre interrumpe
Había una vez un perro y una gallina.  El perro se enamoró de la gallina.  Y el perro se hacía el que no la amaba.
La gallina le decía perro asquerosos ándate de mí casa, no te amo.
Y el perro dijo que vos me amas.
-Y mi papá no me deja tener novio. Yo quiero andar con vos, pero no me dejan.
-Vamos a casarnos, le dice el perro.
-Pero no me deja mi papá. Vamos a casarnos a escondidas, dijo la gallina. Sin que mi papá se entere. Pero ¿sí se entera?
-Pero, déjalo…
-¿Y si me mata?
-Yo te defiendo. Si yo soy hombre.
-¿Y si te gana?
-Yo me muero.
Y terminó perdiendo el padre y terminaron casados.

Carolina

-Sin titulo-

Había una vez un señor que plantó una semilla de naranja. El árbol estaba creciendo hasta que terminó de crecer y había un montón de naranjas. El señor llamó a todos sus amigos. Ellos le dijeron gracias, se pusieron muy felices y contentos.

Evelyn y Franco

Kevin Jones,
para Barriletes

lunes, 20 de mayo de 2013

Tilo Wenner: Despierto y conmovido


Un día nos reuniremos gran suma de minúsculas despiertas y conmovidas 
Entonces derribaremos las puertas del tiempo injusto 
Y no habrá nadie entre nosotros que llore por la causa de los ídolos mimosos 
Nadie entre nosotros que nos delate con su canto de sirena a los señores de la
[infecundidad 
porque habremos cerrado tanto nuestras filas que toda la ternura será nuestra 
Entonces no habrá nadie entre nosotros con empacho divino 
Los curanderos se comerán sus yerbas y se ahorcarán con sus cintas de medir 
Nadie rebelará nuestro poder porque seremos todo el poder 
No volveremos nuestros rostros cuando los niños nos sonrían 
iremos de nuevo a la escuela con ellos 
Entonces no habrá entre nosotros ningún indeciso 
Los reclutadores se quedarán sin sueños en el infierno 
Que les dejaremos por herencia 
No nos sentaremos a medianoche en la cama a preguntarnos 
¿sueño o estoy despierto? 
Los mesías del valle no podrán ir a las montañas 
porque ellas también serán libres 
No dejaremos crecer las alas de ningún pichón de águila 
Destetaremos los terneros mañosos 
Un día nos reuniremos y romperemos todos los contratos de la providencia 
siempre oportuna en desviar el agua y el aire de nosotros 
No habrá invitados especiales entre nosotros 
Decidiremos el mundo entre todos 


Tilo Wenner

Estoy casi seguro de que no se debe comenzar una nota de esta forma en que lo he hecho. Pero hoy, que llovió tanto, me es imposible respetar las convenciones. El poema es de Tilo Wenner. Alguien, un nombre, un hombre, que no conocía hasta algunos meses atrás. Para llegar hasta él debería remontarme un poco más atrás. Entonces yo estaba comenzando a leer a muchos poetas entrerrianos. Un día, por casualidad quizás, di con un poema de Arnaldo Calveyra, un poeta nacido en Mansilla. Quedé maravillado. Aquella lectura tuvo en mí el efecto de un ruido que nos despierta en medio de una noche. Y enseguida llegó la inquietud: ¿cómo eso que estaba cerca podía colocarse tan lejos? Como si alguien hubiera querido subir
a los lugares altos toda aquella poesía para que los niños no la tocasen. De a poco me fui dando cuenta de algo que quizás era obvio, pero que no había notada hasta entonces: La tradición poética entrerriana estaba siempre cerca y lejos de nosotros. Y al nombre de Calveyra entonces le siguieron bastantes más. De aquellas inquietudes hoy hay algunas cosas en marcha. Y en estas páginas, un rescate venido de esas mismas inquietudes: Llegué al nombre de Tilo por un conocido que me recomendó investigar un poco sobre él. Después, una tarde de viernes, hablé con la persona indicada para charlar de Tilo: El escritor Marcelo Mangiante, quien está a cargo de la Biblioteca Alternativa Tilo Wenner.

Los motivos de la ausencia
Tilo Wenner nació en Galarza en 1931. Escribió. Editó. Luchó. Viajó. El 26 de marzo de 1976 fue detenido, y -¿hay alguna forma de escribir bien esta frase?-  se convirtió en uno de los desaparecidos. Como veremos más adelante Wenner fue un desaparecido en muchos sentidos.

-¿Cómo llegaste a la figura de este escritor?
-Yo llego a la figura de Tilo Wenner en 2001, buscando un tema para mi tesis de licenciatura. Ya tenía un tema, pero no me convencía. Y lo terminé de desechar cuando encontré en una revista literaria llamada La danza del ratón, que es de Buenos Aires, en un número viejo, varios pequeños poemas y un fragmento de otro poema mayor de un escritor, que además de ser escritor era periodista, entrerriano y desaparecido. ¿Cómo podía ser que de alguien así recién me enterase el nombre? Porque para mí, como periodista en ese momento, como escritor que empezaba a ser entonces, y como entrerriano que venía siendo desde nacer, y además como desaparecido, como yo en ese momento [2001] me sentía, era alguien con quien podía tener mucho en común. Incluso habiendo leído mucho sobre el tema, siempre había sido un ausente su nombre. Por algo había estado ausente, por algo me encontraba con él de una forma tan rebuscada. 

Enseguida me cuenta que tuvo la sensación de que había una historia que reconstruir. Mangiante presentó su tesis en 2009. La misma consistió en la recuperación literaria de Tilo Wenner y en un análisis de esa obra. Además de una reconstrucción parcial de su vida. 
Respecto a su labor política, uno tiende a pensar en la figura del Militante. Sin embargo, Marcelo me hace algunas aclaraciones: “Liana, una de las hijas de Tilo Wenner, me dijo en algún momento: ‘Mi viejo no era un militante, porque un militante tiene la cabeza de 45 grados. Mi viejo era un intelectual, lo que equivale a tener una apertura mental de 180 grados’. No era alguien enrolable en alguna de las organizaciones tradicionales. No estuvo ni en Montoneros, ni el ERP... No puede caratulárselo ni de peronista ni de radical ni de comunista. Si algo fue Tilo Wenner ideológicamente hablando, yo diría que fue un anarquista o un libertario. Era un tipo que buscaba la libertad humana por sobre cualquier otra cosa. Y no aceptaba la disciplina de cualquier tipo de organización”.

-Tilo Wenner desaparece en marzo del ’76 en Belén de Escobar. En aquel entonces editaba el periódico El actual. ¿Cómo fue ese paso desde Galarza hasta allí?
-Él vive los primeros diez o doce años en Galarza. A principios de los cuarenta, su familia se muda a General Pirán. Un pueblo al sur de la provincia de Buenos Aires, parecido a Galarza. Todavía adolescente, se irá de allí a Buenos Aires, seguramente peleado con la familia. Como máximo habrá tenido dieciséis años cuando se va a Capital a terminar sus estudios secundarios. 

Allí intentará ingresar a medicina, cosa que no podrá hacer por un accidente ocurrido en General Pirán en el cual perdió el brazo izquierdo. Luego irá como oyente a clases de Filosofía y Letras de la UBA. “Imagino que allí se formó como el intelectual que después fue”, me dice Marcelo que, a cada rato frena un poco su charla para pensar. Pareciera que estuviera revisando nuevamente los hechos, las cosas, en que antes debe haber pensando y mucho. 
Entre aquellas clases, el acceso al alemán por su familia, y la presencia de libros en su casa, nace la figura de Tilo que fijaría su vida. Será finalmente decisivo su viaje a Francia en los años ’50. En pleno auge surrealista y de las vanguardias. Viajaría por Chile y Bolivia también. Cuando vuelva, va a comenzar a escribir.

-¿Cómo es la literatura de Wenner en rasgos generales?
-Una literatura que no se asemeja a la literatura social de la época. Lo que él hace es mucho más abstracto, más centrado en la forma que en el contenido. Va a ser una literatura de vanguardia, a su manera. 
Él formó parte de un movimiento de vanguardia que no fue un ‘ismo’ más en la larga lista de ‘ismos’. Era una vanguardia provocadora de las otras vanguardias. Tilo Wenner se pelea con el ícono máximo de los movimientos de vanguardia de la Argentina: Aldo Pellegrini. Era completamente provocador. Y su grupo seguía esa impronta. La historia de la literatura se construye con amigos adentro también. Algo que por ahí no se dice. Y Tilo era indomable. 

En 1964, comienza a editar el periódico El actual como medio de vida, ya instalado en Belén de Escobar. El periódico consiguió tener los suficientes suscriptores como para que cualquier cosa que dijera El actual pudiera provocar alguna reacción. Así se convierte en un periódico semanal que sale desde noviembre del ’64. El último día que salga este periódico será el 24 de marzo de 1976. Aquel día salió anunciando en primera plana el ataque que su imprenta recibe esa misma noche. Un ingreso con fusiles de un grupo paramilitar en la redacción (que a la vez era la casa) de Tilo. Él logrará escapar descolgándose por encima de la pared a la casa del vecino. Aquella noche lo salvó su perro que comenzó a ladrar antes del ingreso. La noche entera permaneció en la casa del vecino, para volver a primera hora para trabajar en aquella edición.  Dos días después, aún con miedo pero sin que oponga resistencia y fumando, se lo llevan a la comisaría. Desde entonces no se supo más de él. 
Uno no puede evitar preguntarse, ¿la ausencia de Tilo Wenner en la construcción de memoria más verticalista es por su carácter de poco maleable justamente? “Él primero fue un desaparecido en la literatura y luego un desaparecido político”, me dice mi entrevistado cuando le comento estas dudas. 
Y hasta aquí llego yo.  La última dictadura militar, entre otras cosas, clausuró lecturas. Pero la lectura de Tilo Wenner ya la habíamos clausurado nosotros como sociedad antes. Y sigue igual de cerrada. Las lecturas clausuradas nos hacen estar dormidos. Como en un poema que Calveyra escribe en forma de carta, donde dice al final: “¿Sabes? No me di cuenta que estaba triste hasta que canté.” El arte, entre otras muchas cosas, nos despierta. Marcelo, que ahora está con todo un hermoso proyecto editorial llamado “La gurisa cartonera”, que lo pueden encontrar mirando los libros de la Biblioteca Tilo Wenner, me dice que en este momento hay una especie de reaparición de su figura. Me dice que espera poder editar algún día la Obra completa de Tilo Wenner. Ojalá.


Kevin Jones,
para Barriletes (Mayo 2013)

El silencio de las sirenas / Franz Kafka



Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:
Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.

Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

martes, 7 de mayo de 2013


¿Por qué se guardan las cosas? 
Tanto trueno tanto rayo 
Las cosas que no se dicen 
se hacen flores de un pantano. 

La muerte no existe acá, 
todo esta vivo, presente. 
La memoria es asesina, 
da muerte a la misma muerte. 

Desembala la memoria 
que no hay cosa que no sirva. 
Te va a servir lo amarrado 
y lo que anda la deriva. 

¿Por qué no lloras un poco 
vos que vas bailando tanto? 
Llora bien, abrí los ojos 
y después seguí bailando. 

Podrán lloverte 100 siglos 
pero ni un segundo más. 
La desgracia es cuidadosa 
llega y se marcha puntual. 

No te pido que te amargues, 
me estás entendiendo mal. 
El apetito no es hambre 
y moverse no es bailar. 

Desembala la memoria 
que no hay cosa que no sirva. 
Te va a servir lo amarrado 
y lo que anda la deriva. 

¿Por qué no llorar un poco 
vos que vas a bailando tanto? 
Llora bien abrí los ojos 
y después seguí bailando.

Gabo Ferro.-