jueves, 22 de agosto de 2013

Educar al encontrarnos. Encontrarnos en los márgenes.

En mayo y junio pasados se han producido las dos primeras jornadas del Encuentro de Educación Popular que convoca a personas interesadas en las ramas, tramas y derivas de un proyecto educativo alternativo que desde hace décadas hace ruido, moviliza, encuentra y transforma. 
En la convocatoria, se invitaba a reflexionar en encuentros mensuales. Los cuales, guiados por distintos lenguajes que se irían explorando, devendrían en un razonamiento colectivo sobre la Educación Popular. 
Los encuentros se han ido sucediendo en la Biblioteca Popular Caminantes de esta ciudad (Antelo 1345). La propuesta era tentadora, y el calor de las personas no falló. Nuevamente, y en paralelo con muchas luchas que se están llevando a cabo en esta ciudad que piadosamente nos acoge, el Encuentro de Educación Popular da espacio a la transgresión y al encuentro.  
Al respecto, dialogamos con el Coordinador de este espacio: el nómade docente Darío Chano. Un nombre dado por su familia y otro dado por el camino, definen a un educador comprometido con la formación de un proyecto pedagógico alternativo y transformador.  




La Educación Popular como una posibilidad real 

-Empecemos por el principio, ¿cómo surgen esta idea de generar encuentros de Educación Popular? 
-Estos encuentros surgen a partir de discusiones que veníamos teniendo en el grupo de promoción de lectura de la Caminantes. A partir de nuestra intención de empezar a rever algunas acciones que veníamos haciendo. Necesitamos reinterpretar, revisar el camino que veníamos haciendo. Sobre todo porque veíamos que los sujetos con los que veníamos desarrollando cosas eran sujetos políticos. Y por tanto merecían un profundo compromiso.  
Así surge la Educación Popular como alternativa para resignificar las acciones. Surgió ahí. Y después entendimos que, sí nos quedábamos nosotros solos reflexionando en ese espacio, iba a ver un error. Abrimos la convocatoria, y de ahí surgieron los encuentros. Invitando a colectivos y personas que están actuando y tienen esta misma necesidad de resignificar estas acciones. La Educación Popular como una posibilidad. 

-A propósito de estos colectivos y personas, ¿podrías hablar de algunos casos de Educación Popular en la ciudad? 
-A partir de los encuentros,  nos han venido a contar de instancias que tienen que ver con trabajo barrial, por ejemplo. Gente que está actuando en el barrio Capibá, con inquietudes respecto al Apoyo escolar que realizan. Entonces ahí nosotros, desde el espacio entendíamos que el Apoyo escolar era una extensión de la escuela. Sin negarla por ello, vemos que permite abrir otro tipo de relaciones  con los sujetos con los que interactúa. Y también con la gente del barrio. Así que cuando ellos nos empezaron a contar lo que hacían más allá del Apoyo escolar, vimos  que tenían un montón de relaciones con el barrio y que eran las problemáticas mismas del barrio que venían al grupo. Ellos a partir de eso resignificaban sus acciones dentro de la coyuntura y dentro de otras acciones. Entonces, había un principio de Educación Popular: actuar bajo las necesidades de la comunidad. Lo interesante es que este espacio trabaja con un barrio estigmatizado y marginado, por lo tanto excluido. Había un acto de Educación Popular. Quizás no verbalizado, o palpable, pero había algo.  
También están los chicos de la Tribu del Salto, con su experiencia en la defensa de los bienes comunes, en este caso, de ese espacio verde. Tenían opciones concretas. Como el espacio de Aula Verde dentro de su sitio en calle Nogoyá. Muchas experiencias traían, que tienen de alguna u otra manera que ver con la Educación Popular.  Con sujetos activos y en defensa del arroyo.  
Y la misma Biblioteca Caminantes, con su proyecto de promoción de lectura. De muchas lecturas, más allá de la palabra escrita. 

-Si tomamos estas tres prácticas como ejemplo, entre muchas otras, podemos ver qué hay particularidades que las recorren. De allí uno podría desprender algunas características de esta Educación Popular. 
-No hay un concepto de Educación Popular, ya que como concepto no es estático. Se ha resignificado de acuerdo a los tiempos históricos, el contexto en que se desarrolla, los momentos políticos y sociales que se viven. En este marco, dentro del espacio del Encuentro de Educación Popular la entendemos como una corriente político-pedagógica que viene a cuestionar la homogenización, los mecanismos educativos que tienen a reproducir mecanismos de dominación y sobre todo (que es donde más coinciden estas tres prácticas que tomamos de ejemplo) que se pregunta ¿con qué sujeto político estoy trabajando? Ese sujeto es con el que pretende construir. El conocimiento se construye colectivamente. Y ese sujeto tiene como rasgo característico la exclusión, el desplazamiento. Producto de un proceso social de homogenización, hay sectores que son excluidos.  



Las cosas que pasan en los márgenes 

Darío plantea que estas prácticas proponen pensamientos alternativos, desde problemáticas, temas, territorios y personas excluidos. “A lo verde siempre se lo ha visto como un espacio disponible para mercantilizar, y en ese sentido la Tribu del Salto propone otra cosa.” En los márgenes suceden cosas. Sus palabras recuerdan la concepción freireana de la educación como práctica de la libertad. Siguiendo a Freire, oprimidos y opresores no son libres y la educación, cuando es transformadora, puede horadar y proponer prácticas de libertad.  
Pero la educación popular, va más allá de la figura de Freire. 

-Al hablar de Educación Popular, uno piensa en la figura de Paulo Freire. Sin embargo, han pasado muchos años desde las experiencias que motivaron al pensamiento freireano. ¿Qué ha sucedido desde entonces hasta aquí? 
-Ya José Martí hablaba de Educación Popular, así como Camilo Torres (un sacerdote colombiano vinculado a la Teología de la liberación). Y de hecho Paulo Freire no habla de “Educación Popular” sino de una interesante concepción: Educación para la libertad. Lo que sí hizo fue sistematizar en escritura un pensamiento. Un pensamiento que se venía dando en esa época. Con un Freire venido de la teología de la liberación, del movimiento tercermundista, de esta opción por los pobres. Y esa opción por los pobres quiere decir también la opción por los oprimidos. En ese acto de opresión, tratar de buscar las herramientas para la liberación. Allí la educación como posibilidad. Pero no una educación que responde a los intereses dominantes, sino otra educación que concibe a la realidad como matriz dominante.  
A partir de ahí se dieron en Latinoamérica un montón de experiencias. Quizás lo más cercano, aquí tenemos en Brasil el MST (Movimiento de los Sin Tierra) que considera la educación como herramienta de lucha. Incluso han llegado a desarrollar lo que ellos denominan la Pedagogía de la tierra, sistematizada por GadottiLuego acá en Argentina tenemos los bachilleratos populares. Detonaron en los ’90 y a partir del 2001 se dan los procesos más fuertes y logran organizarse en una Coordinadora de bachilleratos populares. No son otra cosa que la formación  de jóvenes adultos con su propia línea pedagógica. Han interpelado al estado para conseguir las acreditaciones, sin dejar de lado su matriz de construcción colectiva.  
También el MOCASE (Movimiento Campesino de Santiago del Estero) tiene una Escuela Agroecológica.  

La mención del MOCASE no es menor. Al calor de las luchas actuales de los pueblos originarios, el Encuentro de Educación Popular muestra su claro apoyo. Según nos cuenta su coordinador, “Para entender la relación entre Educación Popular y Pueblos Originarios, hay que volver a la concepción misma del Estado.” Y sí. Se trata de un estado fundado en el robo de las tierras a los pueblos originarios, desubjetivizados. En ese movimiento de exterminio y robo, la Educación institucionalizada jugó un papel importante. Invisibilizando, desplazando, olvidando. “Hoy, y ya hace un tiempo, estos pueblos comienzan a ver a la Educación como una herramienta de lucha. Empiezan a entender también que dentro de la escuela es difícil concebir que dentro del sistema educativo,  pueda estar representada su lengua, su cultura, su cosmovisión. “, comenta. Y señala que además, hay una fuerte crítica desde estos pueblos a la concepción misma de Educación. Así, los Pueblos Originarios reclaman que no puede haber Educación sin Territorio. Ya que su cultura se basa en la relación que establecen con ese territorio.  
Así, muchas de las experiencias de las que hablamos hacen de su ejercicio un ejercicio educativo libertario. Así en el MST (Movimiento de los Sin Tierra), los bachilleratos populares, las escuelas agroecológicas y otras experiencias como las escuelas autónomas zapatistas. 
La última pregunta que uno se ve tentado a hacerle a Darío es por su rol cómo docente. Los docentes, sabemos, están atravesados por múltiples concepciones. Entre medio del olvido que viven de nuestra parte, caminan cientos de escuelas, miran cientos de infancias y pelean allí donde nadie parecer pelear. Y son también los encargados de abrir ventanas a nuevas alternativas. En el Encuentro, vale decir, hay muchos docentes. Darío por su parte es claro: A partir de la reflexión en torno a la Educación Popular, un docente puede ingresar al sistema “sabiendo a donde está entrando”. Esta toma de conciencia lo distancia de su práctica lo suficiente para propiciar la crítica y el trabajo intelectual. Es decir, una relación su trabajo que le permita transformarlo. Allí, la Educación Popular defiende la educación pública y las practicas transformadoras de la educación. Y esto, dice Darío, ha ido horadando el sistema educativo. 
Y la conversación sigue. A veces cuando uno se encuentra con ciertas personas siente que la charla ha comenzado hace años. Allí donde residen las primeras preguntas que nos revolvieron  la cabeza. Y no puede evitar sentir que la conversación sigue. Con otros, en otros espacios y tiempos. Así pasa cuando uno se encuentra con personas que se preguntan lo mismo, que se detienen ante ciertas miradas. Eso, justamente eso, anda pasando cada mes en la Caminantes. Quien quiera ir solo tiene que mandar un mail a educacionpopularparana@gmail.com . O unirse al grupo de Facebook “Encuentros de Educación Popular”. Si tiene ganas de que se lo vaya conociendo de antes. Sino se llega hasta la Caminantes y, como dice un cartel en su entrada, golpea las manos, chifla, canta o se hace oír como mejor sepa.  


Kevin Jones,
para Barriletes
Agosto 2013


domingo, 28 de julio de 2013

¿Infancia? Apuntes de trabajo.

1
Desde comienzo de año, con el Equipo de Mediación de lectura de Barriletes estamos trabajando junto al Quinto Grado del turno mañana de la Escuela TC Nº 1 Peréz Colman (Ubicada dentro del Complejo Escuela Hogar). En los talleres, que son de frecuencia mensual, articulamos trabajo entre la docente a cargo del grupo, Viviana Nowakowski, y la bibliotecaria Dolly. Nuestra visita es una parte del amplio trabajo que se realiza con los chicos. En los últimos encuentros, hemos ido viendo cómo, de a poco, vamos instalando palabras que logran movilizarnos. Así, la palabra Sueños logró que muchos se animaran a escribir. Así la palabra Deseo. Así, este último viernes, la palabra Preguntas. Palabras que logramos instalar en el silencio y el rostro de asombro de los niños.
La actividad disparadora consistió esta mañana en escribir preguntas a partir de un cuento que leímos. Las preguntas luego serían colocadas sobre la mesa, para que otro las tomará y se animará a escribir “algo” alrededor de ellas. Uno de los chicos escribió: ¿Por qué sueño que me matan?. Detrás uno de nosotros escribió: Hay preguntas que se hace difícil responderlas, y siempre son aquellas que realmente necesitan respuestas.





2
Le pregunto a Vivi y Dolly, cómo ven este trabajo desde un afuera de la escuela hacia la escuela. Dolly, me señala como la sistematización del ámbito escolar logra ser interrumpida a partir de los talleres. La irrupción en el espacio escolar como espacio público, permite un ir más allá de la nota, conseguir el contacto espontaneo con ‘otro’, y evadiendo los tiempos curriculares. “Conquistar otros espacios”, me dice. “Los ha ayudado mucho a expresar todo lo que no se animan a expresar” me cometa Vivi en referencia a los chicos que al lado nuestro estaban trabajando. Y continua: “El mes pasado cuando escribieron los sueños salieron muchas cosas que fueron…”. Y su silencio coloca los puntos suspensivos que la complicidad nos ha permitido formar. “Los ha ayudado a sacar esas palabras”, me repite Vivi volviendo a su punto de comienzo.
La escuela está en un lugar paradójico. No esta escuela, sino toda en su conjunto más allá de lo heterogéneo que el sistema educativo pueda ser. Me refiero al desprestigio de la labor docente, su poca remuneración económica, las malas condiciones de infraestructura. A esta escuela pública, atravesada por problemas internos y externos, le exigimos además que ella –sola- transforme la realidad social. Como se pregunta el sociólogo Miguel Andrés Bremmer, cómo pretendemos entender lo público de la escuela pública cuando los sectores de privilegio social tienden a segregarse en espacios privados o privativos.
Así, de a poco, hemos asistido a la privatización de la infancia. Poniendo el grito en el cielo ante los daños de un sector de la vida –los niños- que aún, con alguna rara intuición, creemos merece ser protegido. Pero sin etender muy bien por qué o para qué. De forma tal que la queja por la falta de políticas públicas reales que cuiden la infancia, o la protesta televisiva y propia de la sociedad del espectáculo hacia los padres se traslada a los docentes. Y exigimos a ambos respuestas. ¿Padres explotados criaran niños libres?
Todo parece indicar que hemos perdido el sentido de la infancia. ¿Por qué proteger a ese grupo de personas? ¿Por qué los niños tienen que seguir siendo niños?
Sé que estas son preguntas molestas. Más fácil sería señalarlas como afirmaciones contundentes. Pero sucede que detrás de esas afirmaciones no hay nada. Detrás solo está el vacío hipócrita que dejamos luego de los discursos sobre niñez. La escuela, la villa, nos traen otro discurso sobre la infancia. Un discurso que pone a la infancia entre signos de pregunta.

3
“Es la única manera, creando redes”, me señala Viviana respecto al trabajo que realizan con diferentes instituciones de la ciudad junto a la escuela en que trabaja. “La escuela está, sí o sí, inserta dentro de una comunidad. No puede estar aislada. Trabajar y crear. Acá se trabaja con los centros de salud, con mediación de conflictos. Con distintos sectores, se va abriendo. Sino es imposible. Seríamos únicamente ‘tranmisores’ y nosotros tenemos que intentar pasar de transmisores a creadores.”, me señala la docente con una voz baja.
Dolly me cuenta cómo los chicos con los que trabajan durante el día son los mismos que ve por las noches conduciendo carritos. De forma que, me cuentan, “tenemos que dejarles el tiempo para que duerman acá si necesitan dormir”. Y enseguida se agolpan en su boca preguntas.


4
Más preguntas. Esta vez, de Graciela Montes: “Si el espacio poético está en riesgo, si la rígida homologación –la celda- a que nos somete el mercado anestesia nuestra capacidad constructora (Montes se refiere aquí a la capacidad que tenemos los humanos de construir mundos, ni más ni menos, y que no es dada por la ficción, por el espacio poético), si los mandatos sociales nos impulsan a consumir y nunca a explorar ¿qué podemos hacer al respecto? ¿Acaso esos niños que construyen poco espacio poético ya no lo necesitan? Y, si lo necesitan ¿cómo darles ocasión de que lo construyan?” Y acá estamos parados nosotros. En los bordes de la pregunta y en los bordes de las respuestas.
La elección de Barriletes de trabajar con la infancia desde estos lugares no es menor. Implica apostar a la construcción de un nuevo modo de involucrarnos con la infancia. Porque los niños son cosa de todos. Si algo ha hecho que constituyamos a la infancia como tal ha sido eso.

5
La infancia es cosa pública. Ya que es nuestra patria común a todos. Pero corre riesgo de perderse. La tarde, dice Juanele, es un pensamiento realizado de la luz. Y enseguida se pregunta de dónde viene, de qué sueño de infancia. Como si la infancia fuera el lugar desde el cual el mundo procede. Y de veras es así. Sin embargo, como toda patria, la Infancia está en peligro de ser invadida. La cuestión está en si elegiremos protegerla, si nos interesa que siga siendo nuestra patria, o si la dejaremos librada a su suerte.

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En el fondo, proteger la infancia es lo mismo que proteger la mirada poética sobre el mundo… Una mirada única. La primera, quizás la ultima y única, que hacemos.

para Barriletes
Julio 2013

Una Memoria del Tercer Encuentro de Educación Popular / Paraná, 27 de julio de 2013

Lo que escribo a continuación intenta ser una “memoria” de la palabra que circuló ayer por la ronda del Encuentro. Pero, para ser honesto, no es más que un apunte de lo sucedido. En el día de ayer, nuevamente nos encontramos formando una red de afinidad político-afectiva junto a otros. Y ese encuentro, construido desde los márgenes, se dio de muchas maneras. En las miradas, los abrazos, la complicidad de este Equipo que se comienza a constituir, las palabras dichas y las escritas. Por lo que esta, la palabra escrita, no es más que una de las formas del encuentro que ayer vivimos. Y, por ello, no alcanza para decirlo del todo.
Pese a esto, lo escribo, agregando algunas reflexiones, agregando intuiciones más o menos criticas sobre las intervenciones de ayer. Me parece en esto muy bueno recordar unas palabras de Freire, que están al comienzo de un libro hermoso llamado Cartas a quien pretende enseñar y es de 1993: “Ahora mismo, en el momento exacto en que escribo sobre esto, pensar, hacer, escribir, leer, pensamiento, lenguaje, realidad experimento la solidaridad entre estos diversos momentos, la total imposibilidad de separarlos, de dicotomizarlos. (…) al pensar guardo en mi cuerpo consciente y hablante la posibilidad de escribir, de la misma manera en que al escribir continúo pensando y repensando tanto lo que se está pensando como lo ya pensado.”
Ofrezco esto al Equipo y a todos como acto de sinceridad, de honesta forma de decir lo que vi ayer y cómo lo sentí. Esta es solo una memoria más entre tantas otras posibles.




  Al Encuentro asistimos gran parte del Equipo coordinador, gente de la Tribu del Salto, personas de la Biblioteca Caminantes, y docentes de María Grande y Paraná que están realizando la Licenciatura en Educación Primaria de UNER junto a otras personas cercanas por distintos motivos a la Educación.
Como en otras ocasiones, la ronda se constituyó a partir de las presentaciones. Darío nos situó en el espacio físico y simbólico en el que nos encontrábamos, problematizando nuestra presencia allí. Continúo presentando al Equipo, y procedimos cada uno a presentarnos. Durante esa primer presentación Juan Manuel habló de su nacimiento en Barriletes. Dejando abierta en nosotros la pregunta por nuestros nacimientos en el mundo: ¿Desde cuándo somos esto?
Después se comenzó con la ronda de presentaciones. Durante la misma comenzó un debate luego de la presentación de Irma, quien manifestó su interés por la Educación Popular como madre. Manifestó como su hijo mayor fue al jardín con una luz que no tuvo al regresar. Señalando como, al momento de tener su hija más chicas, buscó una Escuela que quizás no existía, y terminó dando con La Cecilia (Monte Vera. Santa Fe). Realizó una reflexión critica sobre esa experiencia, señalando las contradicciones entre la estructura de la escuela y su discurso/didáctica. A su vez, se problematizó el rol que esta escuela tiene en el film documental La educación prohibida.
Hago aquí un paréntesis. En aquel momento yo apunté en mi cuaderno, y aprovecho a apuntarlo aquí, cómo pensar la Educación Popular desde el lugar de madre, como Irma lo hacia, nos lleva a la pregunta por la infancia. Educación e Infancia se configuran juntas. Al respecto, Graciela Montes señala que la Infancia en tanto que territorio de la vida lo hemos construido social y políticamente. Y ejemplifica cómo funcionaba esa construcción en una comunidad originaria patagónica. Lo cual la lleva a pensar a la crianza como el pasaje del sentido de la vida de unos a otros. Y se pregunta ¿qué sentido tiene la Infancia en medio del capitalismo cuando no tenemos ningún sentido de la vida que pasar, exceptuando el consumo? Que defendamos la existencia de la Infancia implicaría entonces construir un sentido de la vida que legarle. Esto es, dar sentido social y político al mundo.
Más adelante en la ronda, Gloria se refirió a la Educación Popular como camino alternativo. Habló de los límites de las propuestas que se pueden hacer dentro de las instituciones. También refirió que fue desde la práctica universitaria que se sintió movida a participar del espacio. Grillo y Juan hablaron desde preguntas. Uno por cómo se le enseña a leer y escribir a una personas; y el otro desde lo extraño que resulta que los humanos deleguemos el rol de educadores a extraños.  Luego, posicionándose claramente, habló de la enseñanza de la escolarización del 12 de octubre, señalando que ello evidenciaba la posición política de quienes me quisieron escolarizar.
Hacia lo último de esta ronda se habló de la necesidad de abrir ventanas, dar lugar a lo que deviene y la esperanza desde esto que vemos y sentimos.

Se comenzó luego con una dinámica de reconocimiento del espacio y de conocimiento entre nosotros. Primero, nos saludamos con leves gestos iniciados en la mirada, y luego tocándonos el tobillo. Sin quitar el movimiento de esta dinámica, se pidió pensar un momento educativo. Ante la necesidad de pensar “un momento” algunos consultaron si debía ser negativo o positivo, dentro de la escuela o no. No se dio ninguna otra precisión. A partir del dibujo que se hizo de esos momentos, nos agrupamos en tres grupos. Los grupos se titularon a sí mismos: Escuela, Signos y Cuadrados. A cada grupo se lo invitó a reflexionar sobre sus dibujos y pensar a partir de esas reflexiones qué escuela tenemos y qué escuela queremos.
Presentados en cada grupo los momentos que se dibujaron y una vez comenzado el debate en torno a ellos, Darío pasó por cada grupo dejando la Carta abierta sobre Educación Popular. La Carta fue leída en algunos grupos, en otros no, en otros por partes. Se consignó realizando una representación de la escuela que tenemos y la escuela que queremos, como forma de comunicar/mostrar a los demás grupos parte de ese debate. Quedó un registro audiovisual de las tres representaciones.
Una vez realizadas las representaciones, subimos arriba al Plenario a partir de ellas. Se leyó la Carta, pero con una lectura interrumpida a la medida que cada uno quería acotar algo. De este modo, la carta se estuvo moviendo y reescribiendo en la ronda.Y es aquí donde más necesito de los apuntes de los otros. Porque en el Plenario se suscitaron diversos e intensos debates en torno a algunas preguntas de lo que apenas pude registrar las siguientes cosas:
-Desde el Grupo de los cuadrados se comenzó hablando de la imagen negativa de la Educación bancaria, expresando la seguridad de que es eso lo que no queremos. A partir de allí se señalaron falencias de la Educación bancaria:
 –Existe una contradicción en la Educación bancaria entre la palabra (Clase-Didáctica) y la acción. (Me parece acotable aquí lo que Freire señala en Pedagogía del oprimido: La palabra verdad no puede ser disociada de la praxis. Por tanto decir la palabra verdadera implica transformar el mundo.) Consuelo señaló la contradicción en clases donde se hablaba de hacer la revolución con los estudiantes sentados obedeciendo: Las clases de pedagogía como no-pedagogica. Lo cual, acoto, nos lleva al problema de cómo enseñar/problematizar/mostrar Educación Popular sin caer en una pedagogía bancaria. La contradicción, se indicó, está hecha carne en estudiantes y docentes: Nosotros mismos como parte de esto, nosotros como primer sujeto a transformar.
-Las estructuras y las instituciones. La Educación bancaria es una educación institucionalizada. El poder dogmático de las estructuras.

Y a partir de esto, se vieron nuestras necesidad y modos de acción:
--La resignificación de las practicas/la escuela/¿las estructuras?/la educación como necesidad constante.
-Problematizar el concepto de Pueblo en Educación Popular. Y el de Libertad en la Educación para la libertad. ¿Desde qué parámetros pensamos la libertad? Aquí desde la Tribu se señaló el de Sano e Insano, por ejemplo.
-Criticar y desarticular los discursos de inclusión, en tanto y en cuanto esa inclusión sea al mismo sistema hegemónico.
-Visualizar claramente los fines de la Educación bancaria.

Y desde este último punto, pudimos discutir muchas preguntas. ¿Nos oponemos a un sistema o a una clase? ¿El capitalista es libre? ¿Es posible la libertad en micro espacios dentro del Capitalismo?
Desde esas preguntas nos expresamos en torno a las formas de dominación. Darío señaló las Dominaciones físicas y persuasivas. Más adelante me pareció bien aportar que el Capitalismo genera una Dominación biológica también sobre los cuerpos.
Desde esas preguntas y algunas afirmaciones, saco una pequeña conclusión personal que es movible  y, repito, personal. Aunque eso de personal, tómenlo entre comillas, porque no creo mucho en la subjetividad individual. Creo que estamos hechos de la voz de otros, siempre, para bien y para mal.
Como señaló el Faca, no debemos desplazar el pensamiento de la Revolución a un tiempo futuro. La Revolución, en todo caso, es un proceso que nos sucede en el ahora: ¿Qué está pasando en la Toma Vieja, en el Birri o en la Tribu del Salto sino? Esto me recuerda a cómo Freire entendía la liberación como un proceso. Cuya culminación debía implicar la libertad de opresores y oprimidos. Creo que ninguno de nosotros es ingenuo, y sabemos que existe un sistema. Nos hemos tomado el trabajo de ponerle un nombre y caracterizarlos para conocerlo mejor, para saber horadarlo mejor. Y también sabemos, como dijo Haydee, que la educación es el campo de batalla clave. La Escuela es el lugar donde el Capitalismo más se reproduce. Y ene se contexto, pensar la Escuela, y más allá de la Escuela pensar la Educación, significa atacar las bases mismas del Capitalismo como sistema. En ese sentido, creo que vamos bien. No creo que vayamos bien cuando nos configuramos de odio hacia supuestos enemigos. En todo caso, pienso como alguien que ayer dijo que debemos buscar la manera de incluir a ese otro, que tantas veces vemos como enemigo, dentro de este mundo que estamos construyendo. Me gusta pensar eso porque evidencia toda nuestra praxis como construcción, y porque implica un pensamiento que supera la lógica misma del Capitalismo.
El plenario se cerró con un abrazo. Gesto que decía, a su manera, lo que antes se había dicho: Juntos todo, solos nada. Porque es verdad que tratar de construir otros mundos en este mundo complicado -se habló de llanto, de angustia, de lo difícil de la coherencia-  pero juntos se nos va un poco el miedo, juntos podemos pensar un poco más y mejor.
En fin, creo que no es casual pensar así. Creo que tiene que ver con nuestras prácticas. Como Melania señaló en nuestra reunión, yo no puedo estar con los chicos y emponderarlos en contra de alguien. Las palabras, lugar en que elijo situarme cotidianamente, parecieran poca cosa para hacer algo ante tanta angustia. Sin embargo, al menos por hoy, quiero decir desde allí, junto a Graciela Cabal: “Que la solución es social y política, ya lo sabemos todos. Pero también sabemos, porque nos lo contaron nuestras abuelas cuando éramos chicos –y las abuelas nunca mienten- que los mosquitos son capaces de ganarles a los leones, que los conejos se burlan de los lobos, que los pobres campesinos engatusan gigantes y que los tontos, retontos, requetetontos nos guiñan un ojo mientras se quedan con la más hermosa de las princesas”
Kevin Jones / Equipo Coordinador

jueves, 20 de junio de 2013

Poner el cuerpo

La poética orticiana puede ser recorrida desde muchos lugares. Sin embargo, creo que la publicación de El junco y la corriente por las correspondientes editoriales de UNER y UNL amerita abrir paso a preguntas urgentes y necesarias. Por ello, aviso, voy a escribir una reseña a contrapelo.
En estas semanas, salió a la luz el tercer volumen de la Colección El país del sauce. Una colección dirigida por Sergio Delgado, y en la cual anteriormente se ha publicado Viaje a Misiones de Eduardo Holmberg y la Obra poética de Daniel Elías. Estos significativos aportes son producto de un auspicioso proyecto editorial conjunto de las universidades litoraleñas. La colección –nos informa cada tomo- “tiene como motivo la región que trazan los valles de los ríos Paraná y Uruguay, pero tienta en realidad un espacio más bien impreciso, menos geográfico que imaginario”.  Y es curioso, porque aquel texto de la solapa de cada tomo de la colección culmina hablando de una protección y cuidado del texto que nos involucra a todos.
Y es desde este lugar desde el que elijo leer esta noticia. Y nosotros, ¿qué vamos a hacer con El junco y la corriente? El libro, que es publicado este año por primera vez de forma aislada, formó parte constitutiva desde un comienzo del único libro orticiano: En el aura del sauce. Por tanto, tratar de recuperar la voz, de volver a poner en escena, esta pieza, esta nota de la gran maquinaria que la obra pone en juego, implica volver a preguntarnos por toda la obra de Juanele.

Mis contactos más fuertes con las escenas de lectura se dan en el cara a cara que implican los Talleres y los Grupos de lectura por los que elijo transitar. Hace unas semanas, un amigo me decía en uno de estos grupos que cuando era chico pensaba en Juanele como una figura mítica. Una leyenda, contada por su abuelo, que le hacia imaginar un hombre al borde del río.  Me quedé pensando en ello. Y en algo que Adolfo Golz me comentó hace tiempo a propósito de Juanele. Él me decía que a todo mundo le gusta hablar del celebre escritor entrerriano, pero ¿se lo ha leído? Estas dos aristas sobre la figura de Juanele que, obviamente, ha trascendido sus libros para pasar a ocupar un lugar en el imaginario me hacen pensar en las ‘lecturas turisticas’ que hemos hecho de Juanele.  
Habría entonces una cierta predisposición a entrar en las obras de Ortiz como turista. Es decir, como aquel que entra para ver algo que sabe está allí. ¿Y si allí no está eso? La visita turística impide, clausura, la experiencia. Del mismo modo, entrar a Juanele bajo los estereotipos de querer ver un paisaje descripto allí nos hace, efectivamente, llevarnos esa fotografía de su poesía. Entonces, clausuramos una lectura. Es decir, censuramos. Censuramos la experiencia poética misma que el texto nos propone. Si pasáramos de ver una descripción del paisaje en el poema, para ver cómo en verdad el paisaje es, en todo caso, construido desde el poema, habremos logrado abrir la lectura nuevamente. Puesto que, si lo que hay en el poema es paisaje y nada más, ¿para qué leer? Evidentemente, la poesía tiene que hacer algo. Preocupantemente, hay una fuerte negación a leer este hacer de la poesía. Es decir, una negación a poner nuestro cuerpo para que eso suceda.
Pensar esto me lleva a dos cosas. Por un lado a plantear una serie de preguntas hacia afuera del texto. ¿Qué vamos a hacer nosotros? ¿Vamos a leer Juanele en las aulas? ¿Cómo? ¿Se puede leer El Gualeguay –poema extensísimo y monumental? ¿Lo podemos leer en la secundaria?¿Nos formaron, nos están formando para hacerlo? ¿Las escuelas van a tener los setenta y cinco pesos que sale el libro para comprarlo? ¿Las bibliotecarias lo querrán en sus bibliotecas? En el fondo, la pregunta es la misma, ¿qué se hace con la poesía?

Estas preguntas, que quiero dejar abiertas aquí, me llevan a otro punto. Toda poética, escribió ya Laura Devetach, implica un ser y estar en poesía. Entender la poesía como un territorio en el cuál somos. Así estar ‘en el aura del Sauce’ implica un presente y una presencia, un cuerpo puesto en ese lugar. Y a esto quiero llegar: Leer a Juanele es una decisión política. Una decisión que debemos asumir. Y como toda acción política implica poner el cuerpo. Robar nuestro cuerpo y ponerlo como cuerpo en fuga, fuera del mundo, como lo es todo cuerpo que lee. Volver a abrirnos a la experiencia poética. Volver a colocar nuestro cuerpo en la lectura. La edición de este libro nos permite esa ocasión.  Porque eso sentí cuando leía hoy a la tarde los poemas de El junco y la corriente en una de las plazas de esta –y justamente de esta- ciudad: La lectura como forma de conquista de un territorio inasible, de una intimidad; como conquista de una subjetividad siempre perdida y vuelta a recuperar. Una canción de Gabo Ferro dice que no somos nada, nada más que nuestra mirada. Cambiar nuestra mirada, mirar con atención, detenernos a mirar, implica la más intima lucha, la más contundente rebelión sobre nuestro cuerpo.  
para Río Bravo
Junio 2013

Decir el mundo

Quiero compartir una anécdota que encontré por ahí. Es de Freire. El cuenta que durante el proceso de alfabetización de adultos en Santo Tomé y Principe en los años ’70, visitó un circulo de cultura (tal el nombre de los círculos en donde se comenzaba este proceso de alfabetización para la liberación) en una comunidad pesquera llamada Monte Mário. Había en el círculo de cultura una palabra, el nombre de un pez, y un dibujo (codificación) de la comunidad. Los pescadores miraban en silencio el dibujo y la palabra. Hasta que de repente cuatro de ellos se levantaron y miraron el dibujo y el pueblo, el dibujo en la pared, el pueblo en la ventana. Dice Freire, “Miraron el mundo afuera. Se miraron entre ellos, ojos vivos, casi sorprendidos, y mirando una vez más la codificación, dijeron: ‘Es Monte Mário. Monte Mário es así y no lo sabíamos.’ A través de la codificación, aquellos cuatro participantes del circulo ‘tomaban distancia’ de su mundo y lo reconocían.”
Desde esa anécdota quiero hablar hoy. Pero no desde ese recuerdo solo. Sino también desde las palabras que Soledad Deu, tallerista de esta casa, escribía preguntándose por el para qué de la acciones que tratamos de llevar adelante detrás de este papel. Porque Barriletes siempre ha tenido eso: Hay algo detrás del papel. Hay acciones, hay una praxis constante detrás de este papel que va de la oportunidad, del dinero, que queda para quien vende esta revista hasta la creación de una Comunicación comunitaria realmente democrática. Así cada reflexión ha sido acompañada de la acción. Y esto es así por la simple razón de que seríamos unos incoherentes, demagogos y algo bastante hijos de puta de no hacerlo así.
En ese marco, entre estas dos puntas, los Talleres que lleva adelante Barriletes este año son parte de esa acción reflexiva que busca transformar la realidad. Una acción en la que creemos.  Son los mecanismos de Educación Popular que intentamos llevar adelante, en este caso, con los niños de Villa Mabel. Y nuestras preguntas surgen desde ese lugar.
Será desde esos lugares, desde las que escribiré hoy.




¿Por qué insistir con las palabras?
            La primera vez que escuché el nombre de Paulo Freire fue en el galpón de Barri. Fue hace unos años. La Comunicadora Social que estaba coordinando el encuentro, suspiró, bajó los brazos y dijo en un momento deteniendo su discurso: Un pedagogo brasileño, Paulo Freire, dice que decir la palabra verdadera es transformar el mundo. Me maravilló. Aquella unión entre el decir y el hacer, entre la palabra y el mundo, me maravilló. Y solo porque la vida es caprichosa, puedo entender el hecho de que sería años después, estas semanas, en Barriletes nuevamente, donde encontrara el sentido más hondo de aquella frase.
En Abril de este año, la Biblioteca Esos otros mundos de la Asociación Civil Barriletes comenzó a implementar un proyecto de mediación de lectura denominado ‘La casa de las palabras’.
Este proyecto fue elaborado por los participantes del Taller de Mediación de Lectura que se realizó en la institución en Octubre y Noviembre del año pasado. En dicho taller, se recorrió a través de ocho encuentros los planteos teóricos de Michèle Petit, Graciela Montes y Laura Devetach. Estos ‘planteos teóricos’ no nacieron en el vacío, sino que están en relación intima con la práctica. En este sentido, para acercarnos a esta palabra verdadera, se pensó una instancia de praxis que fue llevada a cabo de forma promisoria: Se realizaron encuentros de lectura en la ‘Casa del Adolescente’ de Rafaela (Santa Fe) y en el Barrio La Boca, de la ciudad de Santa Fe.
Con este pequeño recorrido es que se comienza este año, y a esas inquietudes responde este proyecto. Su pregunta de base consiste en qué tipo de Biblioteca pensamos. Es así que, entendiendo, junto a Graciela Montes, a las Bibliotecas como espacios dinámicos que deben provocar ‘ocasión de lectura’, planteamos movimientos hacia adentro y hacia afuera de la Biblioteca.
Hacia adentro de la Biblioteca, y por lo tanto de Barriletes como institución, la Biblioteca se suma al trabajo que la institución viene realizando desde 2012 en Villa Mabel. Se realiza así un Taller semanal junto a los niños con que se venía trabajando tiempo atrás.  Hacia afuera de la Biblioteca, se realizan visitas mensuales a la Escuela Primaria N° 1 de TC Dr Cesar Blas Pérez Colman (Dentro del complejo Escuela Hogar). Este Taller mensual se encuentra incluido dentro de la programación curricular docente, y sienta por lo tanto un precedente de trabajo compartido entre la institución y la escuela. En los encuentros se espera trabajar la lecto-escritura, privilegiando y volviendo a poner en escena el espacio de la Biblioteca escolar.
Estas pequeñas acciones, comprenden lo que entendemos como Mediación de lectura: La Biblioteca de Barriletes no tiene sentido si no se constituye como un espacio de Mediación, es decir de encuentro con la palabra, de ocasión de la palabra. Y es dentro de este proyecto que nos preguntamos por qué las palabras.
¿Qué pueden hacer las palabras ante la marginación, la exclusión, la desidia estatal y humana que un barrio paranaense como Villa Mabel presenta? ¿Qué tiene para decir la Literatura en la primaria de la Escuela Hogar, donde una docente hace lo imposible para que la misma acción educativa se justifique ante las problemáticas sociales que atraviesan la escuela? Es desafiante creer que la Literatura puede hacer algo. Y así lo creemos.
Y en eso radica la decisión política barriletera. Como institución, no creemos en el asistencialismo. Lo que es decir que creemos en el emponderamiento de los sujetos.  Lo cual significa emprender la larga tarea del reconocimiento de los Derechos, la constitución de la subjetividad y la participación social. Y en el caso particular del proyecto que estamos llevando adelante como Biblioteca, esto es: Entender la poesía como un derecho humano; reconocer a la literatura como elemento esencial en la construcción de la subjetividad humana y buscar la forma de enunciar la palabra verdadera.



Leer y escribir con niños de Villa Mabel
Podríamos decir que, los niños con los que trabajamos en Barriletes no saben leer y escribir en la mayoría de los casos.  Pero no, elegimos entender que los niños saben leer el mundo. Y que es desde esa lectura del mundo desde la cual tiene sentido leer la palabra.
Freire cuenta que él leía cuando era niño. Leía sin saber leer. Escribía sin saber escribir. “Las letras, las palabras de aquel contexto [mi mundo] se encarnaban en el canto de los pájaros”, cuenta. Y así él leía en “la danza de la copa de los árboles sopladas por fuertes vientos que anunciaban tempestades, truenos, relámpagos”. En “las aguas de la lluvia jugando a la geografía, inventando lagos, islas, ríos, arroyos”. Así, el silbo del viento, las nubes del cielo, los colores del follaje, el aroma de las flores, la cáscara de las frutas, todo estaba dispuesto a ser leído. Porque cuando vamos a la escuela nos mienten. Y nos dicen que ahí aprendemos a leer, que ahí aprendemos a escribir. Sin embargo, hay una lectura del mundo que es anterior a la palabra.
Desde esa lectura del mundo trabajamos. Sabiendo que el acceso a la palabra debe suceder. Pero que no tiene sentido si lo hacemos desde el mecanicismo. ¿Para qué queremos decir la palabra? Y esto es lo que estaba claro en Freire, y debe estar claro en nosotros: Debemos decir la palabra para transformar un mundo que está siendo. Para aceptar que entre el tiempo y nosotros, entre el mundo y nosotros, se interpone el viento. Y cuando el viento pasa por nuestra garganta, decimos la palabra.  Y hasta acá llego. Porque escribí todo esto para poder decir que los pequeños textos que siguen han sido creados, lanzados al aire, oídos, grabados, tomados, robados en el Taller de Barriletes y pertenecen a niños que están diciendo el mundo.



-Sin titulo-

Vaca Alicia está comiendo pasto. Viene un tigre y la molesta.
-Yo estaba tranquila, dijo la vaca, con una dulce sonrisa. Voy a correr lo más rápido que pueda, así no me alcanza.
Después se puso tan feliz porque se había escapado. El león no la molesto más y ella comió hasta que se durmió.
Franco y Antonela


El padre interrumpe
Había una vez un perro y una gallina.  El perro se enamoró de la gallina.  Y el perro se hacía el que no la amaba.
La gallina le decía perro asquerosos ándate de mí casa, no te amo.
Y el perro dijo que vos me amas.
-Y mi papá no me deja tener novio. Yo quiero andar con vos, pero no me dejan.
-Vamos a casarnos, le dice el perro.
-Pero no me deja mi papá. Vamos a casarnos a escondidas, dijo la gallina. Sin que mi papá se entere. Pero ¿sí se entera?
-Pero, déjalo…
-¿Y si me mata?
-Yo te defiendo. Si yo soy hombre.
-¿Y si te gana?
-Yo me muero.
Y terminó perdiendo el padre y terminaron casados.

Carolina

-Sin titulo-

Había una vez un señor que plantó una semilla de naranja. El árbol estaba creciendo hasta que terminó de crecer y había un montón de naranjas. El señor llamó a todos sus amigos. Ellos le dijeron gracias, se pusieron muy felices y contentos.

Evelyn y Franco

Kevin Jones,
para Barriletes